Existe un malentendido cuando creemos que la salud mental es la ausencia de enfermedad mental. Para los investigadores de salud pública es mucho más que eso. Al referirnos a la salud mental, debemos asociarla al bienestar y a la calidad de vida, debido a que estos aspectos influyen en la manera en que las personas piensan, sienten, se relacionan con los demás y afrontan las situaciones de la vida diaria.
Las evidencias saltan a la vista con la polarización y el odio cultivado en algunos sectores de la sociedad hacia otros, como si los colombianos no fuéramos de un solo país. Odio encendido deliberadamente, un plan calculado para dividir a los ciudadanos, y tomar el poder con el fin de instalar de manera permanente un modelo político y económico históricamente fracasado.
Esta inyección de odio tiene razones en su génesis, brechas sociales por mucho tiempo desatendidas, fuga de recursos por corrupción, dineros que deberían haberse aplicado para resolver carencia sociales, detalles que no favorecen la convivencia y de ningún modo contribuyen a la construcción de entornos saludables, protectores y capaces de responder a las necesidades de la población, especialmente a la infantil. Tal como pasó con los carrotanques del agua en La Guajira, y muchos otros que no se pueden atribuir solo al gobierno saliente, pero que indudablemente los llevó al extremo.
Un ciudadano con salud mental es equilibrado, maduro, sensato, productivo y capaz de contribuir al bienestar de su comunidad. De acuerdo con los nuevos datos publicados por la Organización Mundial de la Salud (OMS), globalmente más de mil millones de personas padecen trastornos mentales. El suicidio sigue siendo un problema devastador; en 2021 fue la causa de unas 727.000 defunciones. En Colombia uno de cada cuatro colombianos sufrirá un trastorno mental a lo largo de su vida y uno de cada diez lo tendrá permanentemente.
Según el último estudio de salud mental en Colombia (2025), realizado por Ministerio de Salud, los trastornos mentales de adolescentes en la edad de 12 a 17 años pasaron del 3,4% al 7,2%. El 3,6% de la población entre 7 y 17 años tuvo ideas suicidas en los últimos 30 días; pero esa cifra se desdobla de manera inquietante: en niños de 7 a 11 años es del 2,1%, y en adolescentes de 12 a 17 años asciende al 4,8%. En las adolescentes mujeres, la prevalencia llega al 6,4%. Dicho de otra forma, aproximadamente 1 de cada 20 adolescentes en Colombia pensó en quitarse la vida en el último mes.
Se requieren acciones preventivas masivas estructuradas, basadas en evidencia científica, no eslóganes de cajón, ni marchas de globos, o carreras de bicicleta, distractores engañosos de un solo día.

