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Columna

Más allá de la victoria

“El verdadero desafío que comienza hoy no es simplemente gobernar, sino formar una generación que entienda que la democracia no es un derecho heredado, sino una responsabilidad que debe aprenderse, ejercerse y defenderse cada día”.

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La elección presidencial que llevó a Abelardo De La Espriella a ser el presidente electo de Colombia, deja mensajes que trascienden el resultado electoral.

Como ocurre en toda democracia, tan importante como conocer quién gana es comprender qué está diciendo el país a través de las urnas.

Un primer mensaje surge del mapa electoral. La fortaleza de la votación en buena parte del centro del país refleja el respaldo de sectores ciudadanos que parecen haber buscado una alternativa distinta a las ofertas políticas tradicionales.

Más allá de simpatías o diferencias ideológicas, el resultado sugiere una creciente demanda de renovación en los liderazgos, en los discursos y en las formas de representación política. Sin embargo, el mapa también deja una tarea ineludible para el nuevo presidente electo: construir puentes con las regiones costeras y periféricas del país, donde las dinámicas políticas, sociales y económicas, responden a realidades distintas.

El segundo mensaje interpela directamente a los partidos tradicionales. Durante décadas, estos han sido protagonistas de la vida pública colombiana, pero los resultados evidencian la necesidad de una profunda reflexión sobre sus métodos, su capacidad de conexión con la ciudadanía y su comprensión de las nuevas preocupaciones sociales.

La democracia exige organizaciones políticas vivas, capaces de escuchar, renovarse y responder a los desafíos de cada época.

Pero existe una tercera lección que nos deja el mapa electoral y que quizás sea la más importante. Colombia necesita fortalecer la cultura democrática. Ninguna democracia será sostenible si las nuevas generaciones no comprenden el valor de las instituciones, el respeto por las diferencias, la participación ciudadana responsable y el compromiso con el bien común.

Por ello, el nuevo gobierno tiene una oportunidad histórica: promover en colegios y universidades una formación sólida en democracia, civismo y liderazgo ciudadano; no para imponer una visión política determinada, sino para educar ciudadanos libres, críticos y comprometidos con el futuro del país.

Las elecciones terminan; la construcción de la democracia nunca. El verdadero desafío que comienza hoy no es simplemente gobernar, sino formar una generación que entienda que la democracia no es un derecho heredado, sino una responsabilidad que debe aprenderse, ejercerse y defenderse cada día.

Mis mejores deseos para Abelardo De La Espriella como el nuevo presidente de Colombia.

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