Existe un viejo refrán popular que encaja en el debate político actual de nuestra heroica: ‘Palo porque bogas y palo porque no bogas’. Nos hemos acostumbrado tanto al letargo institucional de la última década que hoy, cuando la maquinaria pública finalmente se mueve y las soluciones se materializan, el inconformismo crónico de algunos sectores pretende deslegitimar el avance.
La administración del alcalde Dumek Turbay enfrenta un fenómeno complejo. Por un lado, se le critica con vehemencia el persistente problema de la inseguridad. Si bien el control del orden público es una demanda legítima y urgente, es injusto asfixiar el análisis general de una gestión reduciéndolo a un único frente, ignorando las deudas históricas que se están saneando en el territorio.
Como bien señalaba el filósofo Séneca: “Cuando no sabemos a qué puerto nos dirigimos, ningún viento es favorable”. Cartagena, por fin, parece tener una ruta de navegación clara tras años de naufragio administrativo.
El apelativo despectivo de la ‘ciudad del cemento’ es, además de impreciso, un reduccionismo político. Quienes usan este término olvidan que la infraestructura urbana en deterioro no es un lujo estético; es el hogar común de la gente. Una ciudad atrapada en el barro, con redes colapsadas y vías intransitables, no puede aspirar a la competitividad. Las recientes entregas masivas de mallas viales barriales demuestran que pavimentar es sinónimo de dignidad y equidad social. No se trata de “cemento” vacío, sino de permitir que la ambulancia entre al barrio, que el transporte público funcione y que los niños caminen seguros al colegio.
La intervención en obras civiles, la recuperación de puentes estratégicos y la renovación urbana eran imperativos urgentes para sacar a Cartagena del detrimento absoluto. Una mirada madura y sin apasionamientos obliga a reconocer que la gestión actual ha devuelto la capacidad de ejecución económica y la planeación a gran escala. Señalar por sistema y criticar por inercia solo perpetúa el estancamiento.
Es hora de superar el hábito del ataque destructivo. Cartagena necesita obras y movilidad tanto como seguridad. Reconocer los aciertos de la infraestructura es el primer paso para exigir, con la misma altura, los resultados que aún faltan. La ciudad tiene otra cara, si bien es cierto que aún existen muchas falencias, el avance es plausible. Recuerda el domingo 21 junio ir a votar, detrás de cada derecho exigido hay una obligación. Como ciudadano te convoco a ejercer tu derecho a un voto libre y sin odio. Colombia nos necesita, y nosotros somos los pobladores, tú haces la diferencia.

