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Editorial

El Mundial

“La mística del Mundial invade la cotidianidad y renueva las ilusiones de un país que se detiene a mirar a sus jugadores. Nuestra Selección llegó con una carta de presentación sólida...”.

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La Copa Mundial de la FIFA 2026 representa un fenómeno que trasciende el ámbito deportivo en un mundo fragmentado por tensiones geopolíticas, guerras cruentas y una polarización aupada por los algoritmos. Así, el fútbol emerge como una sin par creación capaz de unificar el interés de prácticamente tres cuartas partes de la humanidad.

Ni la economía ni las instituciones globales logran acercarse a esa igualdad matemática donde naciones debutantes como Uzbekistán o Curazao comparten la misma esperanza que potencias de la talla de Inglaterra o Argentina. Durante 39 días, el balón rueda en México, Estados Unidos y Canadá no solo para generar los escandalosos ingresos de una FIFA que proyecta 11 mil millones de dólares en este ciclo, sino para ofrecer un lenguaje universal y un espacio de convergencia pacífica.

El torneo de 2026, el más grande de la historia, con 48 selecciones y 104 partidos, expone la evolución de los conceptos de identidad y nación. Mientras una cuarta parte de los futbolistas compite por países donde no nacieron, nuestro seleccionado se destaca por un selecto grupo de ocho plantillas integradas exclusivamente por jugadores nacidos en nuestro territorio. Esta particularidad añade un valor simbólico a la participación de la tricolor, convirtiendo al equipo en un reflejo auténtico de su identidad local en medio de un fútbol globalizado.

La mística del torneo invade la cotidianidad y renueva las ilusiones de un país que se detiene a mirar a sus jugadores. Nuestra Selección llegó a esta cita con una carta de presentación sólida, con juventud, experiencia, talento y un proceso consolidado bajo la dirección de Néstor Lorenzo. El conocimiento mutuo de los futbolistas que militan en el balompié internacional invita al optimismo. Aunque el análisis riguroso sugiere que el objetivo inicial debe ser superar los cuartos de final alcanzados en Brasil 2014, figuras como ‘El Pibe’ Valderrama alimentan la máxima ilusión al asegurar que hay condiciones para pelear el título.

El camino en la fase de grupos ante Uzbekistán, República del Congo y Portugal exige ratificar las credenciales en la cancha, y aunque el Mundial apenas arranca y los balances son prematuros, la Selección Colombia encontró su certeza en la brillantez de Luis Díaz en su primer partido, figura clave para el triunfo ante Uzbekistán, con miras a un exigente próximo duelo frente al Congo.

Al final, más allá de los debates sobre los costosos precios de las entradas controladas por la FIFA o de los matices comerciales, la verdadera esencia radica en la afición. El fútbol es una fábrica de emociones y un punto de encuentro social indispensable. Para los colombianos, ver rodar el balón representa la oportunidad de unirse bajo un mismo canto, respirar un aire fresco de comunión y soñar con que el seleccionado nacional sea el triunfador en las canchas del ‘rey de los deportes’.

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