En mi concepto, el historiador Yuval Noah Harari es de los pensadores vivos más brillantes que existen en el planeta, y sus estudios y reflexiones sobre historia y filosofía lo han convertido en uno de los futurólogos más consultados del mundo. Como quien dice, conoce el pasado y predecirás el futuro. Harari es contundente: “La capacidad de adaptación será, sin lugar a dudas, la principal fortaleza que los humanos deberán cultivar para sobrevivir en los tiempos venideros”.
Pero yo le respondo a Harari: “Viejo brother, vamos con calma: ¿y dónde me dejas la adaptación que ya hemos demostrado las personas que tenemos más de 60 años?, ¿te parece poca cosa?”. Empecemos por el arte de la comunicación: de las cartas escritas a mano y enviadas por correo aéreo, pasamos al fax, al e-mail, al mensaje de texto y luego al WhatsApp.
Recuerda que nosotros nacimos en la época de los libros físicos y las enciclopedias para hacer las tareas escolares. Luego el mundo dio ese brinco cuántico de la computadora gorda y cuadrada hasta el portátil, la tableta, el señor Google, pasando por el celular inteligente y ahora la IA. Todo eso lo aprendimos sin anestesia. Ten presente, además, que en mi juventud las redes sociales se vivían en la playa: ahí se armaban los planes del fin de semana. Y si no podías ir, pues a tirar ‘teléfono fijo’ del bueno para ubicar a los amigos -pasando por saludar hasta a la abuelita- para entender cómo era el programa.
Ni hablar de los bancos, las empresas de servicios y los cientos de apps que tenemos en los celulares. Sin mentir, yo debo administrar unas 4.000 claves diferentes y los genios de sistemas se ponen tan creativos que hasta las huellas dactilares de las nalgas me tocó registrar. El otro día hasta me pidieron fotos de mis orejas para darme acceso a un banco. Es más fácil cruzar encuero el Polo Norte que se te pierdan esas claves o el celular. El ritmo es frenético: de la consignación en papel a la transferencia en la web, luego la app, luego el Nequi y ahora la ‘llave’ (Bre-B). Y hasta me quieren pagar unos honorarios con criptomonedas. Coño, ¿qué es eso?
Por el lado del cine y la música pasa lo mismo. Nosotros venimos de los tiempos del LP y los teatros al aire libre. Eso duró eternidades y bien rico que lo pasamos; pero luego nos embutieron el casete, el betamax, el VHS, el DVD, el walkman, la USB, el MP3, los alquileres en Blockbuster y ahora YouTube revuelto con el llamado streaming y TikTok. Y eso que se me acabó el espacio para escribir sobre ‘Chato’ (Chatgpt). ¡Por favor, paren, que nos están volviendo locos!

