Viendo a Nairo Quintana despedirse en las vías de Bolívar, vino a mi recuerdo aquel poderoso grito del narrador en su último sprint del Giro: “¡Grande Nairo, gigante ‘Nairoman’! ¡No es un ciclista, es un superhéroe, es ‘Nairoman’!” ¡Qué orgullo sentimos!
Pero terminó el evento y, con el aroma del café de la tarde, me pregunté... ¿Cómo vamos a correr el sprint final en Bolívar y Cartagena?
Después de todo, por estos días, tanto el Concejo de Cartagena como la Asamblea de Bolívar estudian los presupuestos de 2027, el último año de gobierno del alcalde Dumek Turbay y del gobernador Yamil Arana. Aquí se define todo y se sabrá cómo terminan este sprint. Pero ojo, que acá la meta no es ganarle ni a Rigo ni a Fabio Aru; el reto es frente a los cartageneros y bolivarenses.
¿Y cuáles son los retos que enfrentan? Para mí son estos:
El primer reto será concretar los megaproyectos con apoyo del Gobierno Nacional. Cartagena y Bolívar necesitan transformar anuncios y compromisos en obras que mejoren la calidad de vida de todos: en Cartagena, el Gran Malecón, la Vía Perimetral y el Aquabús; y para Bolívar, el Canal del Dique y la Conexión del Sur con el Norte. Corresponde al alcalde, al gobernador y a sus equipos convertir esos compromisos en proyectos financiados y obras concretas, que tengan su reflejo en el Plan Nacional de Desarrollo.
El segundo desafío será fortalecer los ingresos propios. Después de todo, los presupuestos son proyecciones. Una parte viene segura del nivel nacional, pero la otra hay que conseguirla. Para eso debemos combatir la evasión y fortalecer la gestión fiscal, pero sobre todo, lograr que en el departamento se cree empresa, se formalicen negocios, se actualice el catastro y aumenten los ingresos de todos. Esa es una tarea aún pendiente.
Finalmente, el tercer reto será dejar preparado el camino para las próximas administraciones. Gobernar responsablemente también implica pensar más allá del propio mandato, entregando proyectos estructurados, con estudios, diseños y posibilidades reales de financiación. Los gobiernos pasan, pero las instituciones permanecen.
En el ciclismo, el triunfo no depende exclusivamente de quien cruza primero la meta, sino del esfuerzo colectivo de quienes prepararon el embalaje. En la política debería ocurrir lo mismo.
Cartagena y Bolívar entran en una etapa decisiva. Es momento de acelerar la gestión, concretar inversiones y asegurar la continuidad de los grandes proyectos. Porque el verdadero triunfo de este sprint final no será llegar primero a la meta, sino dejar a Cartagena y Bolívar encauzadas para seguir teniendo victorias por mucho tiempo.

