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Columna

¿RET salvadora?

“La aprobación de la ponencia está lejos de materializar la RET Caribe. Son necesarios cuatro debates reglamentarios del llamado articulado...”.

Eduardo García Martínez

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El pasado 1 de octubre la Comisión Primera Constitucional Permanente del Senado de la República aprobó de manera unánime la ponencia del Proyecto de Ley Orgánica N° 161 de 2026, que busca crear la Región Entidad Territorial (RET Caribe). El hecho fue festejado con alborozo por la dirigencia regional que históricamente ha soñado con un ‘Estado Regional’ que le brinde la oportunidad de estar en el centro de las decisiones de una figura asociativa como esta. Del otro lado están quienes desde siempre han sido escépticos sobre su real alcance para lograr el desarrollo que el Caribe necesita. Sin recursos no se avanza.

La aprobación de la ponencia está lejos de materializar la RET Caribe. Son necesarios cuatro debates reglamentarios del llamado articulado en el Congreso, pasar luego a sanción presidencial y por último ir a un referendo para que los ciudadanos de la Costa digan si la aprueban o la rechazan. En 2010 se hizo una consulta popular (Voto Caribe), para saber si se estaba de acuerdo con la creación de la Región Caribe. Dos millones y medio de votos lo confirmaron en las urnas.

La búsqueda de autonomía para la Región Caribe no es de ahora. Tiene una historia de más de 100 años, comenzando con las exigencias de la Liga Costeña, que en 1919 cuestionó severamente el centralismo andino y planteó una serie de reivindicaciones para el territorio costeño y su gente. Más atrás, en Época Colonial, en Cartagena se endilgaba a las decisiones administrativas y políticas de Santa Fe un claro favorecimiento hacia los empresarios y la sociedad del altiplano, en detrimento del litoral.

La planificación económica y social del Caribe tuvo en los 80 una figura de carácter regional denominada Corpes Costa Atlántica. Trabajó bastante por la integración y la descentralización, pero de nuevo el centralismo entrabó procesos y estimuló intereses políticos en la región, que favorecieron los lineamientos de los gobiernos centrales. Después vino la RAP Caribe, entidad con patrimonio y personería jurídica propios, encargada de mejorar las condiciones del desarrollo regional. Despertó esperanzas, pero nada cambió: el Caribe es más pobre, la calidad educativa no mejora, la inseguridad es de miedo, los proyectos asociativos de impacto no se han visto, los servicios de energía eléctrica, acueducto, alcantarillado no se prestan de forma adecuada. La RAP, siendo francos, fue un fracaso disimulado.

¿Podría la RET Caribe ser la salvación? Difícil. El déficit fiscal del país es enorme. Prima el ajuste fiscal. Además, se discute una ley de fortalecimiento de municipios y departamentos que necesitarían más recursos. Oscuro panorama.

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