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Columna

El costo de aprender menos

“El éxito educativo no se mide por cuánto aumenta el salario de los profesores, sino por cuánto aprenden...”.

Jhorland Ayala García

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Colombia ha hecho un esfuerzo fiscal importante por garantizar e incrementar el gasto en educación. Entre 2018 y 2025, los recursos del Sistema General de Participaciones destinados a este sector pasaron de $33,1 billones a $46,2 billones, a precios de 2025. Pero el dato que más llama la atención está en el gasto por estudiante: mientras en 2018 el sistema oficial destinaba alrededor de $4,05 millones por alumno, en 2025 destinó $6,22 millones, ambos a precios de 2025.

Es decir, un aumento real de 53,6% en el gasto por cada estudiante. Este esfuerzo también ha permitido mantener coberturas elevadas, aunque la tasa de cobertura neta total se redujo un poco, de 97,8% a 95,7% en el mismo período. Es innegable, entonces, que la educación ha ganado un lugar cada vez más importante dentro de las prioridades del gasto social del país.

El problema es que los resultados no parecen ir de la mano de ese esfuerzo, pues los más recientes resultados de las pruebas PISA muestran deterioro en el desempeño de los estudiantes colombianos. Entre 2018 y 2025, Colombia pasó de 391 a 381 puntos en matemáticas y de 412 a 399 en lectura, mientras ciencias se mantuvo relativamente estable, al pasar de 413 a 414 puntos. En otras palabras, tenemos un sistema educativo que recibe cada vez más recursos por estudiante, pero que no está logrando mejores aprendizajes. Además, la matrícula oficial total cayó de 8,16 millones de estudiantes en 2018 a 7,42 millones en 2025, tendencia que se prevé que se mantenga dadas las actuales tendencias demográficas del país.

No se trata de decir que el sistema educativo colombiano no necesita más recursos. Es claro que se requieren mejores colegios, alimentación escolar, conectividad, materiales y profesores bien remunerados; pero también debemos preguntarnos qué se está haciendo con el dinero adicional que llega al sistema. Y en este caso tenemos una paradoja difícil de ignorar: menos estudiantes, más recursos por estudiante y peores resultados en lectura y matemáticas.

Si estamos gastando más por cada estudiante, ¿por qué no estamos consiguiendo que aprendan más? Parte de la respuesta puede estar en cómo se han priorizado los nuevos recursos. Colombia emprendió durante estos años un proceso de nivelación salarial de los docentes y directivos frente a otras profesiones. El propio Ministerio de Educación documentó incrementos salariales adicionales para el magisterio frente al resto de empleados públicos. El problema no es que los maestros ganen más. Un buen sistema educativo necesita buenos profesores y debe remunerarlos adecuadamente. El problema aparece cuando la capacidad de negociación de un sector organizado consigue concentrarse en obtener mayores beneficios para sus afiliados, mientras la discusión sobre la calidad del servicio educativo queda por fuera de la mesa.

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