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Columna

¡Ahí les dejo su casa!

“Ayer 7 agosto comenzó un nuevo gobierno. Le corresponderá recibir una casa, un país que necesita reparaciones profundas. Reconstruir siempre cuesta más que destruir”.

César Angulo Arrieta

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Quienes ya estamos canosos, recordamos lo que era ir a cine en Cartagena, era todo un acontecimiento. Una de las paradas obligadas era el Teatro Calamarí, aquel cine que tenía debajo de la pantalla un sinfín de regletas de madera, que ocasionalmente intentaba contar para que el tiempo pasara rápido e iniciara la función. Aquí, lo primero no era comprar la boleta, sino hacer una buena fila, existiendo una regla no escrita: uno rezaba para no encontrarse con algún amigo ‘avispado’ que aparecía de último diciendo: “¡Espérame un momentico!”, llegando además con una patota. Uno sabía lo que venía. Querían colarse. Si cedíamos, comenzaba la chifladera y reclamos de quienes llevaban largo rato esperando bajo el calor. En Cartagena siempre hemos tenido un extraordinario detector para descubrir al vivo.

Una de las películas que vi allí fue ‘La estrategia del caracol’. Salí convencido de que aquella historia era una exageración propia de la viveza colombiana. No imaginé que, muchos años después, terminaría recordándola para intentar entender la política nacional.

La trama es conocida. Los habitantes de una vieja casona reciben la orden de desalojarla. Entonces deciden desmontarla pieza por pieza hasta dejar apenas la fachada. Cuando el propietario llega, descubre que la casa ya no existe. Solo quedaba una frase escrita en la pared, convertida hoy en parte de la memoria colectiva del país.

Durante estos cuatro años sentí, más de una vez, que Colombia vivió una versión política de aquella película. En este símil literario, la casa podría ser el Estado colombiano y los habitantes quienes llegaron al poder prometiendo un cambio histórico. Lo que muchos esperaban como una gran remodelación terminó pareciéndose a una obra donde cada artesano trabajaba por su lado y, en ocasiones, tumbaban la pared que acababan de repellar, pareciendo que las hacían con moñiga de vaca.

Los choques entre los péndulos del Estado dejaron la sensación de que las tres ramas del poder dedicaban más tiempo a enfrentarse que a resolver los problemas cotidianos. Los escándalos desplazaron los resultados, los cambios de gabinete se volvieron rutina y la incertidumbre terminó instalándose como huésped permanente.

Ayer 7 agosto comenzó un nuevo gobierno. Le corresponderá recibir una casa, un país que necesita reparaciones profundas. Reconstruir siempre cuesta más que destruir.

El presidente electo, ADELE, no despachará desde la Casa de Nariño. Sus razones tendrá. Algunos creen que busca enviar un mensaje de cambio; otros, simplemente marcar distancia con el pasado reciente.

Mientras pensaba en todo esto imaginé la última escena de ‘La estrategia del caracol’. El nuevo gobierno abre las puertas del Palacio y encuentra, sobre una pared, aquella célebre frase de la película: ‘Ahí tienen su hijueputa casa pintada’.

Solo espero que, a diferencia del cine, esta vez la casa pueda reconstruirse, porque esa casa no pertenece al gobierno que se fue ni al que llega. Esa casa se llama Colombia, y los verdaderos dueños seguimos siendo todos nosotros.

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