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Columna

¡Viva la democracia!

“Hay una flagrante contradicción ética en la postura del presidente Petro y sus sectores afines...”.

LIDIA CORCIONE CRESCINI

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El panorama político que enfrenta Colombia tras los resultados de la primera vuelta presidencial produce una profunda e inevitable vergüenza ciudadana. En lugar de presenciar un debate de ideas maduro y constructivo, el país asiste a un espectáculo de descalificaciones donde la única constante es el señalamiento de irregularidades y el desconocimiento del adversario.

Esta preocupante falta de madurez democrática no solo degrada el ejercicio de la política, sino que representa un insulto directo a la dignidad de millones de votantes que acudieron pacíficamente a las urnas con la ilusión de construir un mejor país. Resulta inadmisible la ligereza con la que se siembran mantos de duda sobre el sistema electoral cuando los números no favorecen los intereses propios.

Hay una flagrante contradicción ética en la postura del presidente Gustavo Petro y sus sectores afines al mostrar renuencia a aceptar los resultados, olvidando que hace cuatro años ese mismo sistema validó su victoria sin dilaciones.

La democracia no puede ser un traje a medida que se defiende solo cuando se gana y se torpedea cuando el electorado exige un rumbo diferente. Del mismo modo, la oposición incurre en un irrespeto mayúsculo al descalificar a priori la base social de sus contendientes, alimentando un ciclo de odios y argucias que solo busca destruir al rival a cualquier costo.

Quedan escasos veinte días para una segunda vuelta que amenaza con convertirse en una de las campañas más rastreras y polarizadas de nuestra historia reciente. Es urgente hacer un llamado categórico a la sensatez y a la altura republicana. El liderazgo de Iván Cepeda y el de su contraparte deben entender que el poder es transitorio y que el soberano absoluto es el ciudadano.

La retórica del resentimiento y el lodo mediático deben cesar de inmediato para dar paso al respeto que el pueblo merece. Quien aspire a gobernar esta nación debe demostrar, desde hoy, que posee la estatura ética para unirla y no para fracturar aún más. Si la campaña insiste en pisotear la confianza institucional y la buena fe del elector, quien resulte vencedor el próximo 21 de junio asumirá el mandato de un territorio moralmente quebrado e ingobernable.

Es tiempo de que los líderes políticos detengan esta vergonzosa confrontación, asuman los resultados con dignidad y respeten, de una vez por todas, la sagrada voluntad popular. El futuro del país se define con propuestas racionales y no con discursos de descalificación de los adversarios. Colombia es de todos y hay que respetar el voto y la democracia. Es secreto y privado. Tu voto es importante, sal a votar que tú eres y haces país con tu decisión.

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