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Columna

El cambio que no llegó

“Cuando la política pública se aleja de ese compromiso, no se desploman solo las cifras: se debilita la esperanza de miles de familias...”.

Irvin Pérez Muñoz

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En Colombia, la vivienda se ha convertido en una promesa silenciosa: la de dejar de arrendar futuro y empezar a habitarlo. Pero cuando la política pública se aleja de ese compromiso, no se desploman solo las cifras: se debilita la esperanza de miles de familias.

El 2025 deja saldos incómodos y planes inconclusos para muchos hogares colombianos. Mientras el discurso nacional insistía en otras prioridades, el programa Mi Casa Ya se apagó sin una transición clara.

El resultado para Cartagena y Bolívar: entre enero y octubre se comercializaron 6.751 viviendas, un 9,2% menos que en 2024. El mayor golpe se evidenció en la Vivienda de Interés Social, que registró una caída del 29,5%.

No fue el mercado el que falló. Fue la política pública. La Vivienda de Interés Social representa, para miles de hogares, el único puente posible hacia la vivienda propia. Las familias trabajan, ahorran y cumplen, pero necesitan ese último empujón para lograr el cierre financiero. Cuando el Gobierno Petro decidió abandonar este programa sin un reemplazo efectivo, trasladó el costo a las familias más necesitadas.

Bogotá, Medellín y Barranquilla lograron con inversión propia revertir la caída y son las únicas ciudades que no presentan cifras en rojo en la vivienda VIS.

En Cartagena el trabajo articulado y reactivo de la administración distrital ha intentado contener los daños. El alcalde Dumek Turbay Paz viene trabajando de la mano con Camacol Bolívar en varias acciones que permitan a Corvivienda incrementar el rango de acción y hacer la tarea que no pudo hacer en 4 años el Gobierno nacional. La vivienda formal genera empleo, ordena la ciudad, reduce la informalidad y estabiliza el gasto de los hogares. Cuando se frena, la desigualdad se profundiza. Esta no es solo una discusión técnica: es una discusión ética que, en pleno periodo electoral, se vuelve inevitable. Las políticas pasan, las decisiones quedan, y la vivienda no se construye con discursos, sino con acción, planeación e inversión.

Se acercan nuevas elecciones y con ellas la oportunidad de decidir si queremos repetir un modelo que solo dejó discursos, polarización, baja ejecución y en el caso de Cartagena, a miles de familias el sueño frustrado de lograr una vivienda digna. 268.000 votantes en Cartagena creyeron en un cambio que no llegó, como tampoco llegó la plata para Mi Casa Ya, para crédito del Instituto Colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior (Icetex) y mucho menos para la salud. En cuanto a la vivienda de interés social, el cambio no llegó, el Gobierno no cumplió, así que el sueño se pospone... y lo mismo ocurre con el país.

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