Cuando muchos daban por frenada la revolución de la inteligencia artificial, Google llega con Gemini 3 y vuelve a sacudir la mesa.
En los últimos meses se oía cada vez más el mismo comentario, en Cartagena y en cualquier café tech del planeta: “ya esto se aplanó”. Chatbots parecidos entre sí, mejoras que sonaban a letra pequeña de contrato, promesas de “la próxima versión sí será distinta”. Empezó a hablarse incluso de un pequeño “invierno de la IA”, un enfriamiento del entusiasmo después del boom inicial de ChatGPT y compañía.
Por eso el lanzamiento de Gemini 3 se siente como lo que es: un golpe sobre la mesa de Google. No solo porque la empresa insiste en presentarlo como su modelo “más inteligente hasta ahora”, con resultados de primera línea en pruebas de razonamiento, multimodalidad y codificación, sino porque varios benchmarks públicos lo colocan por encima de otros gigantes como GPT-5.1 y Claude en tareas complejas.
Lo que ha cambiado no es solo que “responda mejor”. Gemini 3 pertenece a una generación de modelos diseñada para pensar en pasos, planear y ejecutar tareas largas casi como un asistente que se mueve entre herramientas. La versión Deep Think está pensada justamente para problemas que exigen razonamiento profundo y planificación, mientras Gemini 3 Pro equilibra velocidad y capacidad para el día a día.
Otro elemento clave es la memoria de contexto, ese “corto plazo” del modelo. Hace unos años trabajar con 8.000 palabras ya era un lujo; hoy, la familia Gemini viene de una tradición que abrió la puerta a ventanas de contexto de hasta 1 millón y 2 millones de tokens, equivalentes a miles de páginas de texto, código, video o audio agrupados en una sola conversación. Eso permite cosas que antes eran ciencia ficción: cargar todo el archivo de un proceso judicial, el repositorio completo de una aplicación o años de reportes de una empresa y pedirle al modelo que encuentre patrones, errores o incoherencias.
Y luego está la multimodalidad, una palabra rimbombante que en sencillo significa: ya no hablamos solo de texto. Gemini 3 entiende y cruza texto, imágenes, video, audio e incluso interfaces de pantalla, y Google lo está usando como cerebro de herramientas como Nano Banana Pro, su editor de imágenes avanzado que mezcla hasta 14 imágenes, mantiene personajes consistentes y genera gráficos listos para diseñadores y equipos de marketing. Para el usuario de a pie, eso se traduce en cosas muy concretas: desde convertir un garabato en un diseño presentable hasta mejorar fotos de productos para un emprendimiento local.
Lo verdaderamente interesante es dónde aparece Gemini 3. No está escondido en un laboratorio: se está desplegando en el buscador de Google, en el modo de IA de Search, en el app de Gemini, en Google AI Studio para desarrolladores y en plataformas como Vertex AI para empresas. Es decir, el salto no es solo de modelo, sino de interfaz: Google está convirtiendo su ecosistema completo en una piel inteligente encima de la web y de nuestros documentos.
Ahí entra la parte que más nos toca en Cartagena: la democratización. La app de Gemini y los planes de Google AI ya están disponibles en más de 150 países, Colombia incluida, con un nivel básico gratuito y niveles de pago que amplían el uso y el tamaño de contexto. Traducido: no hace falta ser una gran empresa de Silicon Valley para usar estas capacidades. Basta un celular decente y conexión estable. Como pasó con los smartphones, el riesgo no es que estas herramientas existan, sino que una parte del país se quede mirando desde la barrera.
El “golpe sobre la mesa” también se siente en las reacciones del propio sector tecnológico. Personajes como Marc Benioff, CEO de Salesforce, han dicho públicamente que, después de probar Gemini 3, no piensan volver a ChatGPT, y medios económicos hablan de cómo el modelo ha ayudado a disparar la valoración de Alphabet y a reposicionar a Google como líder de la carrera de la IA. No es solo marketing: es una señal de que los pesos pesados de la industria perciben un cambio real de equilibrio.
Todo esto ocurre, además, en una semana en que OpenAI lanza GPT-5.1 —más conversacional y personalizable— y Anthropic refuerza su línea con Claude 3.5 Sonnet, centrado en razonamiento y seguridad. Es decir, mientras en la superficie algunos usuarios sienten que “todo se parece”, por debajo los modelos están dando saltos cada pocos días. Gemini 3 no aparece en el vacío: llega a competir en una liga donde todos corren, y aun así logra que el resto vuelva a mirarlo con respeto.
Para el lector de El Universal que todavía ve la IA como algo lejano, la invitación es sencilla: deje de pensar en robots de película y piense en tareas concretas. ¿Tiene un negocio en el Centro y quiere organizar mejor sus inventarios? ¿Es docente y quiere transformar sus clases en materiales interactivos? ¿Es estudiante y necesita que alguien le explique, en buen español costeño, un tema enredado de la universidad? Ahí es donde modelos como Gemini 3 empiezan a hacer diferencia práctica.
La aceleración tecnológica no se ha detenido; lo que pasó es que se volvió silenciosa para quienes no están mirando de cerca. Gemini 3 es el ruido fuerte, el portazo que nos recuerda que la fiesta sigue, y que si no nos sentamos a la mesa corremos el riesgo de que el futuro se nos vuelva a escapar, esta vez a golpe de modelo.

