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Sucesos

A Carlos Castro lo pateó su caballo y no resistió, en Mompox

Detalles de este hecho que enlutece a una familia en el municipio bolivarense.

A Carlos Castro lo pateó su caballo y no resistió, en Mompox

Ilustración

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Como Carlos Alberto Castro Meza, de 23 años, fue identificado el joven que murió en un centro médico, mientras luchaba por su vida tras recibir la patada de un caballo en el tórax.

Ocurrió en el pasado viernes, en el corregimiento de Bomba, jurisdicción del municipio de Mompox, Bolívar, donde vivía con sus padres y demás familiares. Lo trasladaron al Hospital La Divina Misericordia de Magangué y allí murió hace poco. Lea: Jeison Soracá, la nueva víctima fatal de la racha violenta en Magangué

Los médicos confirmaron que la patada afectó gravemente sus órganos vitales ubicados en el tórax y abdomen, por lo que seguir con vida dependía de un milagro que no pudo darse.

Carlos Alberto será despedido en su lugar de origen, es decir, en el corregimiento de Bomba, donde se encontraba en el momento de la tragedia. Al parecer, no era la primera vez que tenía acercamiento con el animal, incluso, algunos dicen que era de su propiedad.

Hospital La Divina Misericordia.
Hospital La Divina Misericordia.

¿Qué ocasiona la patada de un caballo? Esto se sabe

La patada de caballo en el abdomen es una emergencia médica grave que puede causar lesiones internas severas, hemorragias, rotura de órganos (como bazo o hígado) y fracturas costales, con una fuerza comparable a ser atropellado por un auto a 30 km/h.

Riesgos Inmediatos: Lesiones orgánicas internas, rotura de órganos, hemorragia interna, dificultad respiratoria por espasmos musculares o diafragma.

Caballo
Caballo

Gravedad: La fuerza de la patada puede causar daños ocultos que empeoran rápidamente, similares a una “lesión por lanza”.

Qué Hacer: Buscar atención médica de emergencia (llamada a emergencias) inmediatamente. No intentar ignorar el dolor, incluso si parece leve al principio.

En su nivel más básico, la patada equina es un arma defensiva . Los caballos salvajes pueden, y a menudo lo hacen, repeler a los depredadores arremetiendo con sus cascos. Esta respuesta es instintiva, por lo que, dependiendo de la situación, puede observarse incluso en los caballos más tranquilos y afables.

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