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Editorial

El más grave crimen

“Ocultar que cuesta trabajo profundizar un diálogo sobre cómo superamos, juntos, heridas que no se cierran es un engaño personal y colectivo...”.

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La Organización de las Naciones Unidas (ONU) recientemente calificó la trata trasatlántica de africanos esclavizados como el crimen más grave cometido contra la humanidad.

La decisión, como era de esperar, no estuvo ajena de polémicas, al punto que no fue aprobada por países como Estados Unidos, Israel y Argentina, mientras que la Unión Europea y el Reino Unido se abstuvieron.

La referida resolución señala que esta trata desplazó a más de 15 millones de personas entre los siglos XVI y XVIII, razón por la que no es solo una herida del pasado, sino un fenómeno con secuelas vigentes. Por lo tanto, al referirse a un fenómeno que aún impacta a la humanidad, la ONU demanda reparaciones y mecanismos judiciales para corregir injusticias persistentes.

El trascendental documento de la ONU contiene un mandato global para erradicar las prácticas esclavistas modernas, lo que supone que nuestra Nación, en la que se mantienen varias de estas formas, está llamada a profundizar en políticas de inclusión, equidad y memoria histórica.

Esto es aún más relevante en Cartagena de Indias, por haber sido la ciudad que operó como el puerto comercial más importante en aquellos siglos. La mano de obra esclavizada nos habla desde los más plausibles monumentos que perfilaron una arquitectura y sistemas de defensa que hoy maravillan a nuestros visitantes.

Como ya lo han dicho tantos historiadores y analistas nuestros, es claro que la herencia africana constituye un pilar de la identidad de la ciudad. Ocultar que cuesta trabajo profundizar un diálogo sobre cómo superamos, juntos, heridas que no se cierran es un engaño personal y colectivo.

Si por una parte el reconocimiento de la ONU llama a establecer mecanismos judiciales y financieros de reparación y sanación para corregir las injusticias estructurales persistentes, y por otra la oposición de países con hondas entrañas colonialistas traslucen la complejidad de cualquier diálogo que posibilite reducir las tensiones, es imperioso persistir en buscar el consenso sobre la mejor manera de abordar un tema tan sensible.

En artículo de hace pocos días, nuestro columnista Eduardo García Martínez, frente al llamado de la ONU para que haya reparaciones y se concrete la sanación esperada, propuso que el gobierno local rinda homenaje a las víctimas mediante la creación de gran centro de memoria con monumento, cátedra universitaria, socialización estudiantil y comunitaria permanente, entre otras iniciativas.

Tiene entonces sentido evaluar esas propuestas, que podrían incluir el gran trabajo que por decenios vienen haciendo otras instituciones tan nuestras, por mencionar solo algunas, como el Museo Santuario de San Pedro Claver, el Círculo de Obreros, el Museo Histórico de Cartagena, la Academia de la Historia de Cartagena, el Museo de la Memoria Viva (en las Islas del Rosario) y la U de C.

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