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Editorial

La Semana Mayor

“Sin desconocer su naturaleza religiosa, Semana Santa también se percibe como un paréntesis social con distintos matices, que varían entre países creyentes y no creyentes...”.

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Aunque el Triduo Pascual, esto es, los tres días centrales que conmemoran la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, se inician este jueves, en la práctica de nuestra ciudad la Semana Santa arrancó el fin de semana pasado con diversas actividades entre las que se destacó el Lucernario, con una procesión de velas, música coral y fe que reunió a cientos de fieles en el Centro Histórico.

Esta semana, como es sabido, deriva de una tradición de siglos que entrelaza la fe, la cultura, el esparcimiento y tantas dimensiones de la vida personal y en comunidad. Si bien deviene de la historia del cristianismo, su origen se remonta a la Pascua Judía (Pésaj), marco que Jesús reinterpretó en la Última Cena.

Los historiadores también enseñan que su estructura actual se consolidó tras la ocurrencia del Concilio de Nicea (325 d. C.), donde se fijó que la Pascua se celebraría el domingo tras la primera luna llena de primavera; sin embargo, otros documentos del siglo IV, como las memorias de Egeria, primera mujer reconocida como cronista de viajes, documentaron en Jerusalén los primeros ritos y procesiones, muchos de los cuales se mantienen incólumes.

Sin desconocer su naturaleza esencialmente religiosa, esta semana también se percibe como un paréntesis social con distintos matices, que varían entre países creyentes y no creyentes, pues mientras en los primeros se vive con sincretismo y cohesión social, en los segundos se aprecia como un periodo de descanso, turismo y apreciación estética, con lo cual el impacto económico global resulta en un motor transversal que dinamiza el comercio y el turismo como pocos eventos en el planeta.

Por esto, está bien la importancia que la actual administración distrital, con la coordinación del IPCC, ha decidido darle a estos días únicos desde el inicio de este cuatrienio. Reconocer el valor espiritual que tiene para buena parte de la población cartagenera, de todos los estratos, la Semana Mayor, es observar la realidad y proceder en consecuencia de los deberes de proteger los sentimientos y tradiciones colectivos, aunque siempre cueste la crítica de quienes ven las cosas de modo distinto, para los cuales también se organizan eventos no vinculados con las creencias religiosas.

Cabe destacar la agenda de ciudad, tanto en las que participa la administración como las de los particulares y las de la Iglesia Católica, que busca mantener viva la tradición mediante la gratuidad y la participación ciudadana, pero también aquellas para todos los ciudadanos creyentes o no, como el XVI Festival del Dulce, el Festival de Coros y Música Sacra, la Ruta de Museos, o las muestras artesanales de Farex Boutique.

Como señaló Lucy Espinosa, directora del IPCC, la agenda permite que el arte y la fe marchen de la mano, en perfecta armonía.

Por supuesto, aprovechar estos días para la mirada interior, es congruente.

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