En recientes publicaciones en redes sociales, el gobernador Yamil Arana señalaba que, cuando niño, venía de vacaciones a El Laguito, tiempos en que este barrio se consolidaba como polo de un sector turístico exclusivo y emergente, destacado por hoteles pioneros como el Hilton, que ya bordeaba la zona con su arquitectura, y el histórico Hotel Caribe.
Con las dinámicas propias de las acciones marinas y efectos de la erosión costera, incluidos fenómenos como los frentes fríos, la boca de El Laguito se ha cerrado, obligando a entidades del Estado a abrirla varias veces en el pasado.
El proyecto de recuperación de El Laguito, liderado por la Gobernación, con el acompañamiento del Distrito, avanza en su primera etapa, llamada Fase 1, con actividades de excavaciones, mejoramiento del sendero peatonal, la ampliación de la vía de acceso a parqueaderos con material propio de playa, para mostrar una nueva cara ambiental - urbanística para esta zona vital de la ciudad.
Indudablemente, el proyecto impactará directamente en la calidad de vida de los cartageneros, singularmente de quienes desarrollan su día a día en Bocala, comenzando por los residentes en el barrio; por esto, es correcta la práctica de hacer reuniones con la comunidad de El Laguito. Es prioritario volver a posicionar este sector bajo condiciones dignas de un urbanismo a la altura de lo que representa para la ciudad, especialmente el mejoramiento de las condiciones ambientales que permitan lograr en 2027 la apertura sostenible del sistema lagunar.
Siempre se ha mirado históricamente a El Laguito como un activo ambiental, con valor paisajístico, y es indudable que la mitigación del cambio climático hará valorizar mucho más los inmuebles allí edificados. Se resalta, por eso, el acompañamiento que hacen la Personería Distrital, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría Ambiental, el Distrito y, lo más importante, la inclusión en las decisiones a los distintos actores sociales, como los residentes, los líderes de comunidades étnicas que derivan su sustento de actividades asentadas en este territorio, ojalá mediante su participación en forma organizada.
Es clave entonces que se continúe con un ejercicio ejemplar de escucha a las organizaciones cívicas, para que se vuelva a valorar este recurso esencial y su rol natural, y obvio en la vida de la ciudad, donde lo natural se desenvuelva armónicamente entre desarrollo y naturaleza.
Conviene que un tratamiento similar se haga con los vecinos de Castillogrande en relación con las obras de protección costera que se desarrollan en esas playas.
Varios residentes se quejan de la altura de los espolones, de cerca de tres metros, lo que afecta la visual y la línea del horizonte, o sea, lo más valioso que tiene el sector, esto es, su entorno y su relación abierta con la bahía. Si hay tiempo de revisar la altura de estos espolones, vale la pena.
