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Editorial

Oportunidades para el cobre

“Estamos en mora de un marco institucional claro, similar al de Chile o Perú, para que el cobre se convierta en nuevo motor de economía y en pilar de la transición energética”.

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En la edición 15 de Colombia Genera, que se realizó la semana que concluye, organizada por la ANDI, uno de los temas tratados fue el de las oportunidades del cobre en la diversificación de la economía colombiana.

Insospechadamente pudimos descubrir en este evento el mundo de posibilidades que ofrece este mineral para potenciar la generación de riqueza, tributos y empleo a nuestro país, que ya están disfrutando otras naciones latinoamericanas que se nos adelantaron en el entendimiento de lo positivo que puede ser una mirada sensata ante la minería, una actividad empresarial percibida con desdén por quienes tienen en su resorte las responsabilidades de dirigir el desarrollo sostenible de la Nación.

No podíamos imaginar que el cobre se pudiera consolidar como un mineral crítico indispensable para las redes de transmisión, las energías renovables, la movilidad eléctrica y el desarrollo de la Inteligencia Artificial, ante las realidades del panorama energético global, que atraviesa una transformación signada por la descarbonización y la digitalización.

Conforme con las fuentes que sirven de sustento a este editorial, informadas por los organizadores del mencionado Foro, entre estas, el Banco Mundial, la demanda de cobre refinado crecerá anualmente 3% hasta 2050. Y en este escenario, Suramérica será el epicentro de este potencial, al punto que a Chile y Perú el cobre les aporta entre el 7% y 10% de sus respectivos PIB, y aunque Colombia comparte el mismo sistema metalogénico andino, se encuentra en una etapa incipiente. Así, mientras estos ‘vecinos’ exportan decenas de miles de millones de dólares, las exportaciones colombianas de cobre alcanzan apenas unos exiguos millones, lo cual demuestra, para nuestra vergüenza, que el rezago no es geológico, sino institucional y regulatorio. Increíble lo poca cosa que somos en temas elementales.

Tendríamos que estar conscientes de que el cobre representa una oportunidad histórica para la diversificación económica de Colombia, al punto que unos cuantos proyectos podrían generar exportaciones anuales que superarían las ventas externas de sectores tradicionales como el banano o el ferroníquel.

Para capitalizar las aplazadas oportunidades de inversión, el país tendrá que superar retos críticos en competitividad, comenzando por la seguridad jurídica, relativizada por la incertidumbre de los dilatados procesos de consulta previa y el difuso ordenamiento territorial. Asimismo, la inestabilidad regulatoria para inversiones de largo plazo y la ausencia de coordinación entre autoridades mineras y ambientales para agilizar licenciamientos.

Estamos en mora de lograr un marco institucional claro y previsible, similar al de Chile o Perú, para que el cobre se convierta en nuevo motor de economía y en pilar esencial de la transición energética.

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