La historia entre Colombia y Panamá ha marcado hitos de unión, separación y alianzas a lo largo de más de un siglo. Tras la independencia de España, Panamá se unió a la Gran Colombia en 1821; luego sucedió la separación, el 3 de noviembre de 1903, marcada por tensiones con el gobierno centralista en Bogotá y el apoyo de Estados Unidos para la construcción del Canal.
Colombia reconoció oficialmente a Panamá como estado soberano el 9 de julio de 1924, mediante el tratado Vélez - Victoria, y desde entonces los ha unido una fuerte alianza basada en la cooperación fronteriza, migratoria y económica. Se destacan acuerdos vigentes desde 1994, un Plan Binacional para el Darién, cooperación en seguridad, y alianzas académicas y culturales, consolidando su hermandad a más de 100 años de relaciones diplomáticas.
Esta hermandad, que se fortalece por la similitud cultural con algunas regiones, como el Caribe colombiano, la misma lengua, complementariedades logísticas al unir el Canal de Panamá los dos océanos que bañan el litoral colombiano, la conectividad marítima y área y, por supuesto, las voluntades políticas y relaciones diplomáticas, han establecido acuerdos sólidos que hacen suponer el sostenimiento de una relación binacional sólida con muchos años de proyección.
En estas proyecciones bilaterales cobra mucha relevancia la interconexión eléctrica Colombia - Panamá, proyecto estratégico de más de US$800 millones que unirá las redes de Suramérica y Centroamérica, y permitirá el intercambio de energía para garantizar suministro más estable, que garantice la confiabilidad y abastecimiento, a partir de los intercambios energéticos.
La línea de interconexión partirá desde la Subestación Cerromatoso, en el departamento de Córdoba, hasta la Subestación Panamá II, en la provincia de Panamá (Panamá), con un recorrido de más de 500 kilómetros, de los cuales más de 200 kilómetros estarán en Panamá y se contempla un tramo de más de 130 km de trayectoria en cable submarino, pasando en el continente por territorios de selva para el caso de Panamá, de zonas con protección ambiental, y de comunidades vulnerables en Colombia, que ven en este macroproyecto una forma de llamar la atención al Gobierno, para que, como mínimo, ellos puedan contar con conexiones locales, del servicio de energía que hasta ahora les ha sido negado.
Así, en medio de las complejidades de carácter ambiental, social y regulatoria, cada país supera sus requerimientos para dar las factibilidades que se requieren y que cada uno resuelve desde su normatividad, todo esto acompañado de fuerte voluntad política entre los Estados, que ha permitido avanzar de manera contundente, especialmente con la firma del acuerdo de armonización regulatoria firmado el 6 de junio de 2025, por las autoridades energéticas de ambos países.
Vale la pena continuar con el tema.
