Fue un éxito la II Conferencia Internacional de Reforma Agraria y Desarrollo Rural (ICARRD+20), promovida por el Gobierno nacional con el apoyo de la FAO, celebrada en Cartagena la semana que concluye, que contó con la participación de decenas de delegaciones de todo el mundo, jornadas intensas en las que se discutieron temas claves, como el desarrollo rural sostenible, el acceso equitativo a la tierra, la transformación de los sistemas agroalimentarios y la adaptación al cambio climático.
ICARRD+20, cuya primera conferencia se realizó en Brasil hace 20 años, se empeñó en dejar ideas concretas para transformar las condiciones estructurales del campo y reconocer el papel central de quienes habitan y trabajan en los territorios rurales, singularmente mediante procesos integrales de reforma agraria y desarrollo rural, con enfoque de derechos.
En la comunidad internacional hubo un perceptible interés en la forma como se está manejando la Reforma Agraria en nuestro país, pues su enfoque está ligado, en palabras de la ministra de Agricultura y Desarrollo Rural, Martha Carvajalino, a buscar la paz, adquiriendo predios de manera voluntaria y que está construyendo sistemas agroalimentarios sostenibles ante la crisis climática.
De la conferencia quedaron indicaciones sobre la construcción de sistemas alimentarios justos, resilientes y ambientalmente sostenibles, la lucha contra el hambre a partir de la seguridad y soberanía alimentaria, la relevancia de las comunidades rurales, indígenas y campesinas como guardianas de los ecosistemas, los derechos de las mujeres a la tierra y a la propiedad como elemento central y la importancia de las políticas para la acción climática, restauración de ecosistemas, regulación del comercio e inversión, fiscalidad, financiamiento, digitalización, seguridad social y derechos laborales en el campo.
La variedad de ponencias y propuestas es verdaderamente enriquecedora de la discusión de estos temas tan sensibles. Por ejemplo, podemos citar el mensaje que dejó la delegación de la Iglesia Católica en el documento “Tierra para la vida, tierra para la paz”, un clamor del Sur Global por una reforma agraria integral, presentado por las conferencias y consejos episcopales católicos de África, Asia, América Latina y el Caribe.
En dicho documento hay mensajes poderosos, como el de que debe haber regulaciones globales que obliguen a las empresas a responder por el bienestar integral del territorio, no solo por la huella de carbono resultante de la producción de sus mercancías; o que los gobiernos deben dejar de ver la reforma agraria como una ideología del pasado y adoptarla como la herramienta más eficiente para el futuro climático; o que no debemos condenar a nuestra juventud rural a la migración forzada, sino a ejercer su derecho a permanecer allí y prosperar.
