Este 24 de febrero se cumplieron 4 años de la invasión a gran escala lanzada contra Ucrania por el presidente ruso, Vladimir Putin, proyectada para lograr sus objetivos en solo 4 días.
El 2025 ha sido el peor de los cuatro años para Ucrania, debido al incremento de la agresividad del fuego ruso y a la disminución del número de sus tropas, lo que le ha permitido a su enemigo avanzar, aunque muy lentamente, en la conquista del territorio invadido.
¿Qué puede hacer Ucrania para salir de este periodo trágico de su dilatada historia, si sus aliados en Europa sólo les sirven para proveer algo de apoyo militar y financiero, pero no cuentan para nada en el plano de las posibilidades de diálogo entre los dos países en conflicto?
Europa, la cansada Europa, que había tomado el camino del desarme tras una decisión deliberada después de la Segunda Guerra Mundial y de la creación de la OTAN bajo el liderazgo de Estados Unidos, ahora tiene que volver a pensar en las guerras como posibilidad concreta. Fabricar armas o adquirirlas, y competir por más tecnología se llevará ingentes recursos que antes podía destinar al estado de bienestar propio de la democracia liberal, que ha sido la envidia en otros continentes.
Tal como lo señaló el respetado almirante retirado y analista español, Fernando García Sánchez, los europeos reconocen a Ucrania como baluarte de los valores de ese viejo continente, defendiendo la idea de Europa ante el acoso del imperialismo ruso, que pretende romper la unidad de acción de la UE e imponer sus condiciones. ¿Cuánto tiempo podrá aguantar Ucrania sin capitular? ¿Su paciencia estratégica es sostenible? ¿Cuándo Ucrania pasará de la actual paciencia estratégica a un alto el fuego o, en el peor de los casos, a una claudicación?
Y del lado ruso, ¿está dispuesto Putin a desistir de sus propósitos de lograr que la OTAN no incorpore a más países de los que antes constituían la URSS, o de abandonar territorio ucraniano? ¿A cambio de qué; o qué lo llevaría a ello?
La desaceleración de su economía y las sanciones internacionales a largo plazo son insostenibles, a lo que se suma el número de bajas en sus filas, que se calculan entre 275 mil y 325 mil muertes en combate de un total de 1,2 millones de bajas entre heridos y desaparecidos, una cantidad muy superior a la de Ucrania, que registra entre 100 mil y 140 mil fallecidos.
Para rematar, la pérdida de autoridad moral del gobierno ruso es alarmante; ya no es posible ocultar que, como el marxismo, su sistema de gobierno no es compatible con la democracia, pues no puede coexistir con un régimen de libertades.
Por supuesto, el mejor escenario sería el de una paz concertada con el acompañamiento de Europa, EE. UU. y otras naciones; pero nada parece indicar que esto va a suceder en el mediano plazo. Entre tanto, China observa, impávida, sabiendo que hasta ahora es la única potencia que no ha perdido nada.
