El Dane reveló este lunes que la economía colombiana creció 2,3% en el cuarto trimestre del año pasado, esto es, 0,1 puntos porcentuales menos que igual periodo de 2024 (2,4%); mientras que en el año completo el crecimiento fue de 2,6%, cuando se esperaba un desempeño cercano o superior a 2,8% .
Si revisamos las proyecciones que en su momento hubo sobre estos periodos, huelga concluir, como ya lo han afirmado varios analistas y gremios, que los resultados son “mediocres” e “insuficientes”.
Por fortuna, el PIB creció, pero a un nivel que no hace sostenible la economía del país, que no puede seguir dependiendo del consumo y del gasto público, a la par que se debilita la inversión y una industria manufactura que ha visto ralentizar su crecimiento.
Como los expertos lo señalan, necesitamos pasar de la mera intermediación a la transformación, para lo cual se requiere que nos aprestemos a reindustrializar el país, a agregar valor a los bienes y servicios, a innovar e internacionalizar, pues no puede ser que siga creciendo la importación de productos a costa de la producción nacional.
Si no hay un Estado que se empeñe en acompañar, en serio, al sector empresarial nacional, la productividad será insuficiente.
Tal como lo señalan los analistas consultados en nuestra página de Economía, la fuerte caída en la inversión también ha golpeado duramente ese resultado, lo que suscita justificada preocupación de cara a lo que puede ser el crecimiento futuro, en tanto que la inversión ha caído básicamente 5 puntos porcentuales desde 2019.
Si seguimos soportando la sostenibilidad económica en el consumo de los hogares y en el gasto público, descuidando o castigando a las empresas con más impuestos, con más trabas burocráticas o con más amenazas por las entidades de inspección, vigilancia y control, no será posible generar mayor confianza y empleo, máxime si no ha habido ninguna intención de poner en ejecución grandes proyectos de inversión. No hay grandes obras públicas qué inaugurar o mantener.
La construcción, por ejemplo, se contrajo el año pasado por la eliminación en la práctica de programas como ‘Mi Casa Ya’; y en similar sentido la minería, el petróleo y el gas, bajo políticas de decrecimiento.
Hay que revisar qué programas crean empleo que no sea oficial, pues este suele convertirse en empleo militante, no creador de productividad y muchos compensatorios de favores electorales. Ante un crecimiento tan elevado de la informalidad, que se disparará este año por cuenta del incremento salarial, es indispensable crear programas que vayan por la contratación en nuevos empleos en sectores que contribuyan al crecimiento económico sostenible. Y reducir la afectación que causará el incremento en las tasas de interés, para controlar la inflación inevitable por estar tantos sectores económicos atados al incremento del salario mínimo.
