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Editorial

Cuba hoy

“El régimen cubano no ha sido capaz de volver productivo ese país, y si el embargo ha sido un golpe permanente, parece no haber sido la razón eficiente, viendo lo devastador que...”.

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Por años, Cuba ha justificado la pobreza y las falencias de su sistema de gobierno en el bloqueo propinado por Estados Unidos (EE.UU.); sin embargo, la cerrazón ordenada sobre la isla por el presidente Trump, desde enero, después de la sustracción del dictador de Venezuela, muestran que lo del bloqueo no era la única causa del fracaso de ese régimen, pues en solo unas cuantas semanas de asedio eficiente sobre la isla, su insolvencia en tantos sentidos se ha profundizado aceleradamente.

El país de los Castro vive su peor crisis, para lo cual ha bastado la orden de obstaculizar el arribo de combustibles, alimentos y otras necesidades que les llegan del exterior, y de sancionar efectivamente a los gobiernos que violen las restricciones.

No hay turismo, principal fuente de recursos, si el régimen no es capaz de asegurar la proveeduría de elementos mínimos y de energía para atender a los miles de visitantes, principalmente de Canadá, España, Alemania, Francia y Argentina; y no hay cómo alimentar a su ya agotada población sin alimentos importados, pues en la Isla muy poco se produce, lo que ha agravado la crítica situación las últimas semanas.

El régimen se acostumbró a depender de lo que le legaban las naciones genuinamente amigas, como España, Venezuela o México, o aquellas que parecían serlo pero que la querían así, paralizada en el tiempo, para contar con un bastión antiyanqui a solo 145 kilómetros de la tierra del Tío Sam, exportando la revolución y acogiendo a los guerrilleros de cualquier parte de América Latina.

Imperdonable por qué no hubo transferencia de riqueza, conocimiento y productividad de países patrocinadores de Cuba, como Rusia, que desde la revolución hasta la caída del muro de Berlín fue su pilar económico, y ya en tiempos de Putin, incluso con la condonación de la deuda soviética; o de China, su segundo socio estratégico y comercial más importante, que ha transferido millonarias inversiones en telecomunicaciones, infraestructura y energía, también con créditos y condonaciones de deudas. Es como si ya se hubieren cansado de aportar y aportar, sin ver que la isla asumiera un sentido de la productividad de lo que en aquellas potencias sí han logrado transferir a otras naciones.

El régimen no ha sido capaz de volver productivo ese país, y si el embargo ha sido un golpe permanente a ese propósito, parece no haber sido la razón eficiente, viendo lo devastador que sí es este bloqueo impuesto ahora por Washington.

No sorprenden, por eso, las noticias de presuntas conversaciones entre un pariente de los Castro y representantes de EE.UU. en procura de acordar una transición en la isla, sin que el régimen sea derrocado, algo similar a lo ocurrido con el paso del poder del defenestrado Maduro a Delcy Rodríguez.

Habrá entonces que estar atentos a los guiños de Trump y a los mensajes de Marco Rubio, para quien la isla es asunto de la máxima prioridad.

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