En noviembre pasado, 12 agencias del sistema de Naciones Unidas, con el apoyo de 58 organizaciones internacionales vinculadas en diversas formas con la infancia, a las cuales se han adherido más de 100 países y unas 500 universidades de todo el mundo, promulgaron la “Declaración conjunta sobre inteligencia artificial y derechos del niño”.
En un enunciado de seis páginas se presenta un conjunto de recomendaciones sobre la gobernanza de la inteligencia artificial (IA) basada en los derechos del niño para los Estados y para los órganos del sistema de Naciones Unidas, en los cuales se describe las responsabilidades, la necesidad de una rendición de cuentas y la transparencia que se espera en la actuación en función de los derechos del niño. Tal vez la declaración no lo dice textualmente, pero se puede inferir que, en el manejo responsables, previsivo y consistente sobre la implementación de la IA, está el futuro de la humanidad.
El texto empieza con un enunciado en el cual se exhorta a los Estados, a las organizaciones internacionales, a las empresas comerciales y a la sociedad civil, entre otros a “que tomen medidas para garantizar que la IA esté diseñada, desarrollada, desplegada y gobernada de manera que se respeten, protejan y promuevan los derechos del niño, en particular garantizando las recomendaciones que figuran en dicha declaración…”
Como afirman algunos, nunca la humanidad se había visto enfrentada a un sistema o a una herramienta sobre la cual no hay mayores controles, gobernanza o manejo desde los gobiernos, con la enorme capacidad de cambiar en pocos años el rumbo de las naciones y de la misma humanidad. Los debates sobre el futuro de la IA (que ya está aquí), sobre sus posibilidades, incidencias, impactos y efectos en la vida sobre el planeta, creemos que no los tiene claros nadie; por el contrario, los temores, las preocupaciones y en algunos casos las angustias sobre lo que puede significar el desarrollo de la IA sí son amplios, diversos, complejos y probablemente posibles.
La declaración no aborda la sanción, limitación o los riesgos de la IA, pero sí algo que, a pesar de la IA, se puede hacer, como es “abordar la urgente necesidad de un enfoque basado en los derechos del niño para el diseño, el desarrollo, el despliegue y la gobernanza de la IA y para recordar… la Convención de los Derechos del Niño en relación con el entorno digital”.
Creemos que, a pesar de no tener una amplia difusión o penetración de la IA en nuestro sistema educativo, en las instituciones públicas y universidades de la ciudad, amerita que los líderes de todos estos sectores asuman la parte que les corresponde en propiciar las reflexiones, los debates o, por lo menos, estimulen los ambientes para que esta declaración y lo que hay detrás de ella sean discutidos, debatidos ampliamente y le propongan a toda la sociedad acciones a emprender.
