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Editorial

Lo que la naturaleza enseña

“Tiene sentido detener unas cuantas semanas los avances del Gran Malecón o de El Laguito para revisar qué siniestros se podrían concretar si sucedieran riesgos...”.

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Las ciudades costeras en el Caribe, como la Heroica, están expuestas a mares de leva y de fondo generados por frentes fríos que vienen del norte y que, cuando coinciden con luna llena, pueden significar olas de altura importantes, que concluyen sus recorridos golpeando el litoral, como lo que vivimos estos últimos días.

Son fenómenos oceano-atmosféricos que normalmente afectan al Caribe colombiano, presentándose entre finales de diciembre y marzo, cuando las masas de aire frío del norte son más activas, asociadas a sistemas de alta presión.

En esta oportunidad, el fenómeno se acompañó de lluvias, olas de hasta 4 metros y vientos de hasta 27 nudos, según lo reportado por el CIOH. Por fortuna, no coincidió con incrementos extraordinarios de mareas.

Y es que este inicio de 2026 nos ha sorprendido con un periodo invernal distinto a los eneros y febreros anteriores. Sabiamente la naturaleza insiste en indicarnos grandes debilidades relativas a la combinación de lluvias fuertes con mareas que inundan la ciudad en prácticamente todos los barrios, convirtiéndose este factor climático en el riesgo más importante a trabajar, pues es una amenaza cierta con la correspondiente vulnerabilidad por inundación, todo relacionado con la erosión costera.

Aunque en esta ocasión el mayor impacto lo recibieron la avenida Santander, el embarcadero de Playa Blanca, la parte de la vía aún no concluida de Playetas, Tierrabomba, El Laguito, Cielomar, entre otros, y emergencias atendidas inmediatamente por la Administración distrital, tomando las acciones del caso, como fue el cierre provisional de las playas urbanas, rurales e insulares, o la recuperación extra rápida de la Avenida Santander, etc., es responsable analizar lo que la naturaleza, a través de este frente frío proveniente del norte, nos quiere enseñar.

Se valoran los avances de este gobierno en obras de protección costera; pero es prudente que la institucionalidad técnica acompañe al alcalde, quien podría reactivar el Comité de Zona Costera, para que le acompañen en la voluntad política de resolver los problemas.

La lección dada por el mar es clara: queda patente la vulnerabilidad que padece nuestro borde de agua, con lo cual planificar la ciudad con el factor de cambio climático considerando que el clima hoy no es como el de antes, resulta imperativo.

Persistir, por ejemplo, en la procedencia de la construcción o reconstrucción del embarcadero en Playa Blanca a pleno mar abierto, fue y es un error para reputados oceanógrafos, pues este tipo de elementos solo son seguros y sostenibles en aguas protegidas.

Por la misma razón, tiene sentido detener unas cuantas semanas los avances del Gran Malecón o de El Laguito para revisar qué siniestros se podrían concretar si sucedieran riesgos que algunos expertos han señalado, si no se realizan, antes o concomitantes, obras de protección costera.

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