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Editorial

La vida sexual del presidente

“En el caso de Gustavo Petro, ha sido una constante su interés de que trascienda a la esfera publica su desempeño en las artes amatorias. Incluso, no se inmutó...”.

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¿A quién puede interesarle la vida sexual del presidente? La pregunta es pertinente pues esta semana criticó a los periodistas que se incumben en los aspectos privados de su sexualidad; por supuesto, una preocupación de labios para afuera.

Si a alguna persona en este país le interesa la divulgación y discusión sobre la vida sexual del presidente es a Gustavo Petro. La prensa colombiana se ha distinguido por su sigilo frente a todo lo que se sabe, afirma, asegura o especula de la vida íntima de los hombres que se acuestan sobre el solio presidencial.

Las redes, por su naturaleza, proclives al escándalo, al odio, a la adoración y al escarnio público, se la pasan en esas; en parte es su razón de ser, pues fungen como reemplazo de la prensa rosa y de los pasquines que vivían de los escándalos de los famosos. Pero la prensa tradicional colombiana históricamente ha preservado con respeto prácticamente unívoco la vida privada de los mandatarios, pues lo importante siempre ha sido su desempeño como gestores de lo público.

La vida sexual de un mandatario solo será importante para los medios tradicionales cuando los propios gobernantes la utilizan como argucia de su retórica política.

En el caso de Gustavo Petro, ha sido una constante su interés de que trascienda a la esfera publica su desempeño en las artes amatorias. Incluso, no se inmutó porque un sujeto exactamente igual a él se paseara por el casco antiguo de ciudad de Panamá, en julio de 2024, con una persona que a primera vista parecía una mujer, pero que no era su esposa, la primera dama de la nación, y que presuntamente resultó ser una modelo transgénero colombiana.

Si la vida pública del presidente se convierte en debate nacional es si y solo si Gustavo Petro la pone sobre la mesa. El más reciente ejemplo ocurrió en lo que debió ser una ceremonia adusta, por su significado para la anhelada recuperación del sector salud, durante la reapertura del Hospital San Juan de Dios, en donde afirmó: “Hago cosas muy buenas en la cama; nadie se olvidará de mí porque seré inolvidable”, criticando, sin empacho y con total incoherencia, al periodismo por interesarse en su vida privada, defendiendo que el poder no debe meterse en la “cama íntima”, cuando ha mostrado un marcado interés por que los gobernados sepan que en ese escenario resulta inolvidable.

La Corte Constitucional de Colombia ha dicho en más de una sentencia que la vida privada de los primeros mandatarios no es absoluta, con lo cual puede ser limitada cuando se trata de asuntos de interés público que afectan el ejercicio de sus funciones.

Pero es que lo que el presidente haga bajo las sábanas en verdad que no le interesa a la prensa tradicional; y de seguro que también, salvo para quienes le rodean, al resto de colombianos, para quienes el presidente bien puede guardar la prudencia que dan las comunes y generalizadas virtudes de la moderación y el recato.

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