Tras el discurso en el Foro de Davos de Mark Carney, primer ministro de Canadá, no plantearse como Nación qué rol asumir en el nuevo orden mundial es una desfachatez. Conductas aisladas o desafiantes contra las potencias que han roto ese orden carece de sentido.
Ayer publicamos un análisis de Colprensa en que se aborda una aproximación a qué papel puede jugar Colombia en esta nueva realidad geopolítica, en un entorno más incierto y desafiante, en el que ya no podemos hablar que estamos, como lo afirmó Mark Carney, en medio de una transición, sino de una ruptura.
No tiene sentido seguir soñando con que las instituciones internacionales van a apaciguar la ambición de las potencias mundiales, o resolver los conflictos. La recomendación de Carney es que desarrollemos mayor autonomía estratégica, tanto en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro, porque un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse, tiene pocas opciones. “Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú”.
En el Gobierno central tendrían que estarse preguntando si nos estamos preparando para no depender en esos sectores críticos (energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro). De entrada, ya sabemos que, al menos en energía, durante estos últimos tres años hemos hecho todo lo contrario; esto es, haciendo el mayor esfuerzo para perder la soberanía energética que con tanto esfuerzo habíamos logrado. Y pese a que aún hay tiempo para recuperarla, lo que supone avivar a Ecopetrol y explorar y extraer más gas como materia indispensable para la transición energética, los demás temas merecen de una validación y atención profundas, si es que no queremos convertirnos en una nación fallida, como Cuba o Venezuela, que finalmente terminan en manos de potencias extranjeras, de izquierda o de derechas.
Si la recomendación es adaptarse a los cambios en el entorno internacional mediante la conformación de un bloque que busque defender el derecho internacional tal y como lo conocemos, parece que estamos muy lejos de ello, con la distancia que hemos tomado de tantos países latinoamericanos para los cuales ya no somos socios confiables.
Y es que ni ante Europa contamos como aliados estratégicos. El viejo continente está tan distraído con sus propios problemas que ni siquiera fueron capaces de lograr que el Parlamento Europeo acordara concluir positivamente la tramitación del procedimiento para la ratificación del Acuerdo UE-Mercosur que llevó 25 años negociarlo, aplazando la oportunidad de demostrar que le siguen apostando al libre comercio y las relaciones económicas regladas.
Tenemos que aceptar que el orden mundial, basado en reglas (derechos humanos, comercio internacional, etc.) ya no opera. ¡Qué vamos a hacer para adaptarnos a la nueva realidad es tema inaplazable!
