Está bien la reacción del Gobierno colombiano, de responder con reciprocidad a las medidas inusitadas que impuso el de Ecuador a nuestro país, consistente en decretar “una tasa de seguridad del 30% a las importaciones provenientes de Colombia”.
Nuestro Gobierno replicó con el anunció de la aplicación de un gravamen del 30% a la importación de un grupo de productos provenientes de ese país, como medida “proporcional, transitoria y revisable” respecto de la alteración de las condiciones del comercio bilateral. Adicionalmente, ripostó con la suspensión de la energía que transfiere a nuestro vecino mediante la interconexión entre las dos naciones.
No puede ser que la solución a las diferencias entre ambos mandatarios o entre ambos gobiernos se resuelvan con el expediente de los aranceles, opción antipática que solo daña a los gobernados en la medida que encarece la producción de bienes y servicios y la importación, exportación, intercambio y compra de estos.
Pero habría que ir más allá de la simple reacción. Es obligatorio que tanto hacia Ecuador como internamente el Gobierno adopte posiciones que parecen elementales conforme con la naturaleza de lo que está ocurriendo.
En cuanto a Ecuador, subir el nivel de la diplomacia y tratar de resolver las diferencias de manera amigable, restableciendo la armonía que ha caracterizado las relaciones entre ambas naciones en los últimos decenios, se impone.
Y a nivel interno es necesario analizar qué está pasando para que nuestros inmediatos vecinos estén recriminando el papel que el Ejecutivo y nuestras Fuerzas Militares están jugando en las fronteras. En efecto, no es Ecuador el primer país que nos reprocha falta de actuación o déficit en la adopción de acciones firmes en la lucha contra el narcotráfico y la violencia. Baste recordar que a escasas horas de que el dictador Maduro fuera sustraído por las fuerzas especiales de EE. UU., afirmó sin reato que la frontera común entre su país y el nuestro carece de protección militar y policial adecuada, lo que le llevó a ordenar que sus militares asumieran, unilateralmente, el combate contra el narcotráfico en la zona limítrofe.
Ya Trump venía afirmando lo mismo, al punto de incluir al presidente Petro en la Lista Clinton; pero que el presidente Daniel Noboa se vaya por esa misma línea, claramente desesperada, aunque inamistosa, tiene que decirnos algo, y decirle mucho a nuestro Gobierno.
Es que el presidente ecuatoriano indicó que la medida se mantendrá “hasta que exista un compromiso real” de Colombia frente al narcotráfico. Es fuerte su afirmación en cuanto a que “... nuestros militares siguen enfrentando a grupos criminales atados al narcotráfico en la frontera sin cooperación alguna”.
Hay que reconocer que no lo estamos haciendo bien. Hacer un giro en la posición actual frente a las realidades de nuestras fronteras, es inaplazable.
