Ante la reciente publicación sobre las medidas a adoptar en el cerro de la Popa por la erosión y los asentamientos humanos, conviene mirar con mayor transversalidad la situación de este, el pulmón verde de nuestra ciudad.
Durante años ha sido objeto de presiones antrópicas severas, ocasionando factores de erosión, acelerada pérdida de árboles que ya son insuficientes para frenar los efectos concretos del calentamiento global y mejorar el clima de la ciudad, lo cual conlleva a que la autoridad local enfrente un gran problema socio-ambiental y, con mayor razón, la actualización, delimitación, georreferenciación y reglamentación sobre con qué suelos de protección contamos.
En la memoria de la ciudad quedó registrado aquel 21 de enero de 2025, en el que un grupo de 160 residentes padeció el deslizamiento de tierra en horas de la madrugada, en inmediaciones del barrio Paseo Bolívar, evento que podría repetirse.
Relevante la recuperación ambiental de ecosistemas degradados con la siembra masiva de árboles nativos y especies herbáceas que estabilicen el tejido verde natural del cerro para mitigar la erosión y deslizamientos, habilitando senderos de interpretación ecológica.
Importante conocer proyectos de iniciativa productiva en los que el rol de las pandillas trastoque en guardabosques, construyendo viveros forestales comunitarios bajo la determinación de convertir el cerro en Jardín Botánico, con rutas históricas y arqueológicas, un Centro de Aprovechamiento de Residuos Sólidos y un área administrativa, con el fin de integrar económicamente a las comunidades allí asentadas a través de encadenamientos productivos.
En la administración anterior se informó sobre un Ecoparque de La Popa, pero no hay huellas de la iniciativa, con lo cual se vuelve prioritario que las entidades concurrentes verifiquen las cotas máximas establecidas para el cerro y la reserva ecológica declarada en 1978, junto con las posteriores reafirmaciones, que han quedado solo en papel.
Se valora que el actual gobierno mire hacia la Popa con la pavimentación de la vía principal, realizada en 2024, y actualmente en proyecto la recuperación de una vía que por años estuvo abandonada, la cual tendrá un impacto positivo para las comunidades de Torices, Santa Rita, Canapote, Daniel Lemaitre y Loma Fresca con vía asfaltada, demarcada y señalizada, que también servirá a los propósitos del turismo nacional e internacional.
El designio de una planeación urbana responsable implica que en áreas donde no es viable habitar la política distrital puede ser orientada hacia el sostenimiento ambiental con la resiliencia de este icono, que debe seguir siendo el pulmón que identifique a una ciudad costera más segura, equitativa y sostenible, integrando el cerro al territorio sin poner en riesgo a la población ni degradar su valor ambiental.
