A pesar de los esfuerzos de la administración para mejorar la movilidad, el panorama que se vislumbra en torno de la calidad de vida de los cartageneros por cuenta de las incomodidades propinadas por las demoras y trancones -ya rutinarios-, agravados por la alta afluencia de vehículos de otras regiones del país por la apreciación de Cartagena como destino turístico, es inquietante.
Los atascos o embotellamientos que se han formado diariamente en las vías de los sectores turísticos -incluso con la extensión del pico y placa a 24 horas-, resultan insoportables. Y si la ciudad sigue posicionándose como una imperdible para el turismo internacional, o como destino ideal para adquirir segundas viviendas, o se siguen multiplicando los condominios y urbanizaciones hacia el norte, Barú y otros de sus puntos cardinales, la congestión vial jugará en contra de la magia que promete La Fantástica.
Las inversiones para rehabilitar la malla vial, como la guerra contra los huecos, la intervención al Corredor de Carga para mejorar la logística industrial, la pavimentación de arterias claves, varias de estas obras esperadas por años, y otras más recientes que no se veían posibles por ahora, como la construcción de una vía que conectará El Pozón con Tierra Baja y la rehabilitación de la Vía del Desarrollo (Barú), no alcanzarán a aliviar la retención del tráfico y las colas que se arman para llegar a sitios incluso cercanos, que en tiempos normales tomarían de 5 a 10 minutos y en estos días pasan a 45 o más minutos.
Definitivamente, hay que ir más allá en las soluciones de fondo que propicien una movilidad regular por varios lustros. De hecho, proyectos como el Gran Viaducto del Mar, que podría descongestionar la Zona Norte, o el de Transporte Acuático, o el Teleférico, pueden significar avances estimables en ese propósito, pero hay que pensar más en grande.
Puentes, intersecciones, ampliación de avenidas, túneles tradicionales, submarinos y soterramiento de vías..., en fin, tantas alternativas que parecerían un sueño, pero que son normales en otras latitudes que ya lidiaron con problemas similares al que estamos padeciendo, con soluciones a las que tendremos que llegar a menos que no nos sintamos capaces de hacerlo.
Entre tanto es necesario seguir buscando medidas provisionales o paliativas, con el aporte de todos. Por ejemplo, podría mejorar la movilidad ante el incordio que suponen los paraderos irregulares de los buses de turismo, como el que se ha formado en la Avenida Santander, de tal manera que no bloqueen las calles como ocurrió con tanta frecuencia esta temporada de Fin de Año por carencia de parqueaderos para estas eventualidades. Emplear los lotes que la Armada Nacional posee en esos barrios, inutilizados hoy, y que los operadores turísticos paguen la tarifa respectiva de parqueo, entre otras ideas, vale la pena considerar.
