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Editorial

El policía del mundo

“Es apenas elemental esperar que nuestras Fuerzas Militares y de inteligencia calculen las probabilidades y los impactos ciertos que en nuestro territorio...”.

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Paradójico que Estados Unidos vuelva a constituirse como el policía del mundo justo en el segundo mandato de quien dio por terminada esa concepción del papel de esa nación en su primer mandato.

En efecto, si la primera vez que se denominó a EE. UU. como el policía del mundo fue en 1904 bajo la presidencia de Theodore Roosevelt, como un salto desde de la Doctrina Monroe (1823), lo cual supuso que no solo habría reacción militar si Europa intervenía en América, sino que, en caso de fracaso grave de una nación o de “mala conducta crónica” de un país en el hemisferio occidental, EE. UU. se abrogaba el derecho de actuar para recuperar y mantener el orden mediante el ejercicio de un “poder de policía internacional”, lo que después de la Segunda Guerra Mundial se extendió al resto del orbe.

El fin de esa doctrina se señala entre 2021 y 2024, por la posición de Donald Trump de no intervenir en conflictos externos, continuada después por Joe Biden. Sin embargo, ha elegido en su segundo mandato el presidente Trump retomar esa vieja visión ejerciendo como fiel de la balanza en todo el orbe.

Si en el primer mandato se instaló el aislacionismo de Washington, incluso rompiendo la armonía con los miembros de la OTÁN, las operaciones militares de este último año en tantos puntos cardinales muestran un cambio radical en el abordamiento de las relaciones del gobierno estadounidense con el resto del mundo.

Expresiones como “seguridad hemisférica” estarán en el orden del día, pero su radio de acción va más allá, pues desde el inicio del actual cuatrienio, el presidente Trump ha autorizado u ordenado en países como Yemen (“Operación Jinete Duro”, en marzo de 2025); Afganistán, Irak, Irán y Siria (varios ataques selectivos en la región) desde 2025; en Somalia (ataques contra Al-Shabaab) y más recientemente, en América Latina y el Caribe, que en total suman 626 ataques desde el inicio del actual mandato, inspirados en diversas razones, de entre las que se destacan la lucha antiterrorista, el combate al narcotráfico, la protección de civiles o la slibertades de navegación en el Mar Rojo o la protección de cristianos en África.

Lo acaecido en Venezuela, que no supuso una invasión para tomarse el poder, sino para extraer a su líder máximo, muestra que están preparados para proceder en tal sentido en casos que consideren similares; y lo hacen porque se sienten predestinados para esa labor, siendo cierto que es inimaginable que China o Rusia u otro país del primer mundo imaginen conducta similar.

Ante esta reciente realidad, es apenas elemental esperar que nuestras Fuerzas Militares y de inteligencia calculen las probabilidades y los impactos ciertos que en nuestro territorio puede tener este nuevo papel de EE. UU. y qué rol jugarán ante las solicitudes de cooperación que recibirán de sus homólogos norteamericanos en este nuevo orden mundial.

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