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Editorial

La captura de Maduro

“Los hechos han probado que debe prestarse mucha atención a las afirmaciones que Donald Trump espeta; el mensaje es clarísimo: ¡Trump no amenaza..., advierte!”.

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En una operación calificada, como evidentemente fue, quirúrgica, las Fuerzas Militares de Estados Unidos desplegaron ataques en Caracas y en los estados de Miranda, Aragua y La Guaira, seguramente logrando varios objetivos que aún no se revelan completamente, entre estos la anunciada captura del dictador Nicolás Maduro Moros y de Cilia Adela Flores, su esposa.

El traslado de Maduro a suelo estadounidense para ser juzgado en una corte de Nueva York por cargos de narcotráfico, conspiración narcoterrorista, conspiración para importar cocaína, posesión de armamento destructivo, entre otros delitos que se le imputan, es un acto de audacia que, aun cuando anunciado sin recato por el gobierno de Donald Trump, no se esperaba que necesariamente se concretara, pues suponía una violación flagrante de territorio extranjero y del rompimiento de una tradición de respeto a la soberanía en suelo americano, después de lo ocurrido con el dictador Manuel Antonio Noriega, en Panamá.

La primera reacción, independientemente de la posición política que se tenga, de izquierda o de derecha, es la de rechazo a cualquier tipo de intervención militar de un país sobre otro. El respeto a la soberanía territorial garantiza la convivencia entre las naciones.

¿Tiene derecho un país, por la fuerza, a descabezar el gobierno de otro aun en los casos en que su gobernante sea acusado de crímenes, como el de líder de un cartel de narcotráfico contra el pueblo del atacante? Claramente las normas del Derecho Internacional Público no lo permiten, y nuestro país ha mantenido una tradición de respeto a la normativa que preserva el multilateralismo y la primacía de la diplomacia ante cualquier conflicto. Esta es la posición correcta y la que debe prevalecer.

Estas claras razones no obstan para reconocer que hay variables que no pueden dejar de analizarse. Venezuela ha padecido una tragedia que solo ha sido justificada por quienes afirman ideas de extrema izquierda; ninguna persona que ostente el poder civil y militar tiene derecho a sojuzgar a su pueblo, arrebatarle su futuro, sustraerle impunemente sus recursos en beneficio propio y de sus cómplices, y aplastar a sus opositores. Menos aún, mantenerse en el poder a pesar de haber padecido una clarísima derrota por las vías democráticas, hasta expulsar de su nación a quien le venció en franca lid. Y aunque aún falta mucha información para hacer un sólido análisis, caben estos pensamientos preliminares:

Si se llega a probar en la Corte de Nueva York que Maduro perteneció a una banda complotada para exportar drogas, la profundidad de su vileza no podía quedar impune. Depende de lo que ocurra con el general Vladimir Padrino López, así será la demora en la caída del régimen infame.

Los hechos han probado que debe prestarse mucha atención a las afirmaciones que Donald Trump espeta; el mensaje es clarísimo: ¡Trump no amenaza..., advierte!

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