comscore
Editorial

El tono moral del gabinete

“No es absurdo preguntarse con inquietud en manos de quiénes estamos, y qué papel juega el jefe mayor del gabinete frente a tantos hechos inauditos y perturbadores”.

Compartir

Preocupa el tono moral del gabinete presidencial. A la serie de escándalos por el presunto abuso del erario en cifras aterradoras, se suman los relativos a conductas que no siempre infringen una ley específica, pero sí códigos de conducta redactados o en los reglamentos o en el corazón del hombre, relativos a la ética, al respeto debido, a la lealtad y el pudor de entre quienes gestionan intereses ajenos y están llamados a hacer equipo.

Los servidores públicos administran bienes ajenos, que en este caso son del Estado, o sea, de todos. Cualquier abuso o tergiversación de estos activos corrientes o fijos, supone una mala gestión, reprochable normalmente por las vías disciplinarias, penales y contenciosas administrativas.

Pero hay un margen de observancia en la conducta de los servidores públicos que tiene relación con los efectos que producen en el bienestar de la población, no en cuanto a la administración de esos activos oficiales, sino en tanto dañan el tono moral del pueblo al que van dirigidas sus actuaciones que, cuando se trata de miembros del gabinete ministerial o del alto gobierno, afectan directa y desproporcionadamente el espíritu de la Nación.

Para citar el ejemplo más reciente, sólo horas después de que la directora del Departamento Administrativo de la Presidencia de la República (Dapre) denunciara una serie de presuntas irregularidades y malos manejos en el Fondo Adaptación y en la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd), al mando de Carlos Carrillo Arenas, éste se defendió y vinculó a un entramado de corrupción al ministro del Interior, Armando Benedetti, quien precisó que “la información que hoy se presenta proviene de la mano derecha de Katherin Rojas, puesta ahí por Armando Benedetti, que duró un mes en la gerencia y a quien denuncié por politiquear en el Fondo (...). Esta pelea la cazan ellos con esa infamia y esa calumnia”.

Pero abundan casos similares, como los de presunto acoso laboral, persecución en varios ministerios y entidades del Gobierno; o de presiones y despidos arbitrarios; o de ‘Fuego amigo’ y disputas internas, que se han tramitado públicamente entre altos funcionarios, suscitando ambientes insostenibles de tensión evidentes.

Lo que ocurre en el interior del alto Gobierno entre jefes o directores de las más importantes entidades es un espectáculo desastroso, que habla muy mal del personal seleccionado para dirigir los destinos de la República, y no precisamente por sus calidades como personas, lo que aquí no está en discusión, sino ante la falta inexcusable de prudencia en el manejo de los asuntos que agreden la moral de la Nación, si de los altos funcionarios se espera el mejor ejemplo.

No es absurdo preguntarse con inquietud en manos de quiénes estamos, y qué papel juega el jefe mayor del gabinete frente a tantos hechos inauditos y perturbadores.

Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News