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Columna

Apolo

“Y por sus hermosos pasillos vaga el espíritu del más grande prócer de la nación después de Bolívar...”.

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Da la impresión que el restaurado Parque Apolo, en El Cabrero, no ha merecido la atención que se esperaba de los habitantes del sector y mucho menos de una ciudad que está en mora de descubrirlo.

Digo esto porque no se observa numerosa presencia de los vecinos allí, lo cual es una pena, pues se trata de una admirable restauración completada por el alcalde Turbay, realizada con mimo y respeto por nuestro cartagenero más ilustre.

Hay senderos arborizados, recuperados los recintos construidos por Eduardo Lemaitre para conmemorar la Constitución de 1886, bustos de Doña Soledad Román, una estatua idéntica del procer en el costado sur del Capitolio en Bogotá y muy oportunos bastidores que relatan la proyección histórica del más grande colombiano.

Un lugar para caminar con pausa, congraciarse con plantas y árboles amables y respirar un poco la grandeza de quien salvo a Colombia en una de sus horas más oscuras.

El Distrito y la Nación están en mora de salvar la casa de Núñez que permanece enfrente con las heridas abiertas de la molicie.

Este lugar debía ser un punto de peregrinación nacional, pues alguien que fue 4 veces Presidente de la República, autor de la Constitución que nos gobernó durante 105 años y sitio donde se escribió nuestro Himno Nacional, merece erigirse como el Panteón Sagrado de la Patria.

Otras naciones honran a sus Padres seculares: la tumba de Napoleon en Los Inválidos de Paris, la de Washington en Mont Vernon, la de Lincoln en Oak Rider y hasta la de Lenin en Moscú, pese a que el comunismo fracaso.

Entrar a la tumba de Napoleon vale $62.700 por persona!!

La Casa de Núñez, sede de la Presidencia en los tiempos de la Regeneración, se ha caído varias veces; por ser de madera, es frecuente que el comején y la humedad hagan de las suyas; las reliquias han ido desapareciendo, robadas por gentes que no tienen idea del valor histórico de lo que se llevan.

Allí sobreviven su lecho de muerte, un bello escritorio de corredera y el texto de la Constitución del 86.

Y por sus hermosos pasillos vaga el espíritu del más grande prócer de la nación después de Bolívar.

Tenía razón Lemaitre en bogar porque se instituyera en nuestras escuelas una clase de Historia de Cartagena, para que nuestra juventud y futuros lideres sean conscientes de la inmensa grandeza de la ciudad en que viven.

Y para que no ocurra lo de una encuesta en las barriadas, cuando al preguntársele a varios quien fue Rafael Núñez, respondieron, uno que era un beisbolista, otros un cantante.

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