Hay un debate que se repite una y otra vez en las conversaciones empresariales: que si el líder debe mantener un bajo perfil, que si una organización corre riesgos cuando su vocero es más visible que la empresa, que si el líder se va, ¿qué pasa con la reputación de la empresa?
Los resultados de Merco Empresas y Merco Líderes Colombia 2026 parecen dar una respuesta distinta. La construcción de reputación de una compañía avanza cada vez más de la mano de la reputación de quienes la lideran. Entender una sin la otra es quedarse con una lectura incompleta de cómo se construye la confianza hoy.
No es casualidad que Bancolombia encabece el ranking de empresas y que su presidente, Juan Carlos Mora, ocupe el primer lugar entre los líderes empresariales. La correspondencia entre ambas mediciones confirma que las audiencias no se relacionan con marcas abstractas. Buscan rostros, historias, compromisos verificables y referentes capaces de representar los valores que las empresas dicen defender.
Durante años entendimos la reputación como un activo construido desde la institución. Hoy sabemos que también se construye desde sus líderes y esta relación implica responsabilidades. Cualquier inconsistencia personal impacta el valor reputacional de la organización. La visibilidad no es gratuita. Exige coherencia, ética, capacidad de escucha y una comunicación basada más en la rendición de cuentas que en la autopromoción.
Por eso estas mediciones no premian únicamente resultados financieros, valoran la consistencia entre desempeño empresarial, impacto en los grupos de interés y comportamiento del liderazgo.
El ranking deja además dos reflexiones relevantes. La primera es el avance, todavía insuficiente, del liderazgo femenino. Solo dos mujeres aparecen en el top 10 general de Merco Líderes, y 19 hacen parte del grupo de los 100 líderes con mejor reputación del país. La cifra sigue siendo modesta y nos recuerda que el techo de cristal no ha desaparecido. Necesitamos que la presencia femenina en estos rankings se convierta en una expresión natural del liderazgo empresarial colombiano.
La segunda reflexión tiene que ver con los territorios. Buena parte de las conversaciones sobre liderazgo siguen concentrándose en el centro del país, cuando muchos de los desafíos más complejos de Colombia ocurren en las regiones. Desde el Caribe, el llamado es claro: seguir proyectando el liderazgo empresarial de la región sin tibieza ni modestias mal entendidas. Necesitamos más voces, más referentes y más líderes capaces de mostrar lo que hacen, defender lo que creen y representar el aporte que nuestras empresas hacen al desarrollo del país.
La reputación es una ventaja competitiva. Y hoy, más que nunca, la reputación de las empresas comienza en la marca de quienes las lideran.
*Estratega de reputación, comunicación y marca.
