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Columna

País Vasco II

Hay una efervescencia positiva alrededor de la administración de lo público: es un pacto entre los vascos de Euskadi y el Estado.

EDUARDO VERANO DE LA ROSA

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La historia de los vascos es interesante porque, después de una gran crisis económica con alto desempleo, decidieron en el año 1978, tras la muerte del dictador español Francisco Franco, impulsar una directriz muy determinante: renovar y reconstruir la industria y fortalecer sus clústeres industriales.

De igual manera, los otros tres grandes territorios que se unieron para formar esa nueva versión de España —Cataluña, Galicia y Andalucía— consolidaron una gran fortaleza alrededor de una derecha moderada que privilegió la autonomía territorial para dar un verdadero salto socioeconómico.

También tienen una izquierda que lucha por la federalización para lograr más competencias y responsabilidades como territorio. El resultado: comunidades autónomas que van por la vía rápida y otras que van por la vía lenta hacia la federalización del país.

Hay una efervescencia positiva alrededor de la administración de lo público: es un pacto entre los vascos de Euskadi y el Estado; es un concierto económico que permite los recaudos. La gente paga los impuestos porque ve que hay distribución e inversiones alrededor de competencias claras de las instituciones y la construcción de un modelo de desarrollo estudiado y en marcha constante.

El peso de la economía vasca en la economía española es del 5,95 % del PIB; su meta es llegar al 6,24 %. Han tenido un gran crecimiento y seguirán luchando para alcanzar esa meta.

La particularidad española es la autogestión y el esfuerzo por lo que les interesa para ganar más calidad de vida. Hay un equilibrio institucional entre cada uno de los territorios, con mayor capacidad y responsabilidad de recaudo para su posterior direccionamiento.

Existen diferencias entre los vascos autonómicos e independentistas, pero observan con mucho interés propuestas federalizantes como las de Alemania, con sus Länder, y las de Austria; además, creen que finalmente llegarán a una España federal.

La principal tarea es educar líderes de tal manera que puedan fortalecer su proceso cada vez más. Para ello, lo más importante es tener una cultura política sólida. El País Vasco, o Euskadi como también se le conoce, tiene en educación superior los índices más altos de Europa en cobertura, una política de innovación y un ecosistema de ciencia y tecnología sencillamente asombrosos.

Han logrado mantener el desempleo en el 6,3 %, mientras España llega al 13 %. Visitamos entidades como Tecnalia, un centro de investigación aplicada y de desarrollo tecnológico que sirve de fundamento para su modelo de prosperidad.

También cuentan con instituciones cuya misión es la creación constante de centros tecnológicos y empresas con procesos avanzados de alta tecnología, lo que hace plausible su proceso de renovación e innovación. El Ente Vasco de la Energía (EVE) es 100 % público y Orkestra-Instituto Vasco de Competitividad es un centro de investigación sin fines de lucro, creado para analizar constantemente y debatir sobre la competitividad territorial y el desarrollo socioeconómico.

Los vascos están en una etapa superior. Están por encima de la corrupción y gozan de unos altos estándares de calidad de vida. Esa es la cultura política vasca. En nuestra visita nadie nos habló del Gobierno central, de Madrid, como si no existiera. Dependen de sí mismos para su desarrollo, por eso son nuestro modelo autonómico favorito, por sus innegables logros y avances en su historia.

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