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Columna

Memoria intestinal

“La esperanza debe caminar al ritmo de la evidencia y por el momento lo evidente es que cuidar al intestino sería una excelente manera de cuidar la memoria”.

CARMELO DUEÑAS CASTELL

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No es solo olvidar dónde dejé las llaves. Por arte de birlibirloque dejamos de aprender, no recordamos nombres, direcciones y nos es imposible tomar decisiones. Y eso puede ser normal desde que nacemos. Un día cualquiera, un cambio banal puede simular el envejecimiento normal pero, en ocasiones avanza, progresa rápidamente y se convierte en un tornado que altera para siempre la vida de quien lo sufre y la de sus allegados. Y ese dramático y trágico cambio puede hacer parte de la edad, la herencia. Es la demencia, en todas sus formas. Durante siglos se han buscado causas, factores de riesgo en el corazón, en los pulmones, en las arterias. Está claro que el cerebro no envejece por su cuenta. Lo hace en sincronía con todo el organismo. Pero ahora la ciencia ha descubierto que el cerebro escucha señales procedentes del intestino.

Una reciente publicación en la revista Nature, de investigadores de las universidades de Pensilvania y Stanford, puso a convivir ratones jóvenes con viejos. Con el tiempo los adolescentes adquirieron la flora bacteriana del intestino de sus compañeros viejos, con las resultas de que comenzaron a tener evidentes y serios problemas de memoria. El trasplante de microbios de animales viejos produjo un efecto similar. Luego encontraron a la bacteria culpable, Parabacteroides goldsteinii. Cuando la administraron sola a ratones jóvenes produjo grave deterioro de la memoria.

La bacteria produce unos ácidos que activan el receptor GPR84 en algunas células inmunes, obligándolas a liberar sustancias inflamatorias que afectan al nervio vago, que comunica las vísceras y el cerebro. Con ello disminuye la actividad en el hipocampo, una región vital para los recuerdos y todo comienza a olvidarse.

Los científicos demostraron que algunos antibióticos específicos o con alimentos o medicamentos específicos que afectaban a la bacteria podría revertirse todo el proceso. Por el momento no hay evidencia que justifique que tomar antibióticos, probióticos o suplementos o mucho menos algún medicamento evite la trágica enfermedad. Falta mucho para llegar a intervenciones seguras en humanos.

La esperanza debe caminar al ritmo de la evidencia y por el momento lo evidente es que cuidar al intestino sería una excelente manera de cuidar la memoria. El ejercicio, un sueño reparador, el control de la presión arterial, la diabetes, la actividad intelectual y social, una buena alimentación rica en fibra y el patrón mediterráneo han demostrado mantener la memoria al tiempo que favorecen la flora intestinal. Aunque no tenemos, aún, una receta bacteriana para el recuerdo, es evidente que en una buena alimentación puede estar la solución al “olvido que seremos”.

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