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Columna

Plinio Apuleyo Mendoza

“Tuve el privilegio de presentar, en la Academia de la Historia, su novela ‘Entre dos aguas’, una tarea que me produjo cierta intimidación, pues estaba presentando nada menos que a uno de los grandes nombres de la literatura...”.

JORGE DÁVILA-PESTANA VERGARA

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Repasar la vida y obra de Plinio Apuleyo Mendoza es encontrarlo estudiando Ciencias Políticas en París; es valorar su trabajo como periodista en Francia, donde bajo un mismo techo reunió a la pléyade de escritores del boom latinoamericano. Vargas Llosa, García Márquez, Cortázar y Fuentes colaboraron en Libre, la prestigiosa revista que él fundó y dirigió. Es, igualmente, reconocerlo como brillante diplomático en Italia y Portugal; admirarlo en su paso por numerosos medios impresos y digitales; y disfrutarlo siempre a través de sus libros y columnas.

‘Años de fuga’, ‘La llama y el hielo’, ‘Los retos del poder’, ‘Zonas de fuego’, ‘Aquellos tiempos con Gabo’, hacen parte de la extensa y valiosa producción del escritor. Junto con Álvaro Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner escribió ‘Manual del perfecto idiota latinoamericano’, obra que tuvo amplia circulación en toda Hispanoamérica. Y, al alimón -como se dice en el argot taurino-, publicó con García Márquez ‘El olor de la guayaba’, libro traducido a la friolera de diecisiete idiomas.

En una ocasión en que lo invité a mi casa con su esposa Patricia, me relató una anécdota tan curiosa como divertida. Tras encontrar en una librería la edición china de ‘El olor de la guayaba’, y sin saber en qué lengua estaba escrita, decidió mostrársela a un cocinero chino para que le dijera de qué idioma se trataba. El hombre observó la portada sin siquiera abrir el texto y, con aire de suficiencia, como quien resuelve una charada, exclamó muy orondo: “Deble sel un liblo de culinalia, polque se llama aloma de guayaba”.

Su novela ‘Entre dos aguas’ no es propiamente su autobiografía, pero contiene numerosos retazos de su vida. Es un conjunto de vivencias e impresiones que el escritor rescata desde las profundidades de la memoria, para ofrecerlas al lector, convertidas en hermosas imágenes del recuerdo, donde se entremezclan experiencias personales, convertidas en escenarios de la trama. En él confluyen mélancolies francesas, saudades portuguesas, nostalgie italianas y morriñas españolas, añoranzas acumuladas durante su paso por esos países.

Plinio me hizo el honor de prologar mi libro ‘Pasión en París’, dedicado a la vida juvenil de Bolívar en la capital francesa durante 1804. Asimismo, tuve el privilegio de presentar, en la Academia de la Historia, su novela ‘Entre dos aguas’, una tarea que me produjo cierta intimidación, pues estaba presentando nada menos que a uno de los grandes nombres de la literatura latinoamericana de los últimos cincuenta años.

Al concluir aquella presentación, recibí una satisfacción que conservo como uno de mis recuerdos más entrañables. Al dedicarme su libro escribió estas palabras: “Para Jorge Dávila, el mejor presentador de este libro, con todo mi aprecio. Plinio Apuleyo Mendoza”.

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