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Columna

Lecciones de un terremoto

“En medio del dolor por las víctimas corresponde aunar esfuerzos y voluntades para sobreponernos de la tragedia, reconstruir lo destruido y seguir avanzando unidos como una sola nación”.

GERMÁN DANILO HERNÁNDEZ

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Al momento de escribir esta columna se desconoce el balance final de víctimas fatales del potente terremoto que en la mañana de ayer sacudió a varias regiones de Colombia. La magnitud de los estragos hace prever que cifra de muertos será superior a los 111 reportados ayer por el propio Presidente de la República, tras el inicio de las operaciones de rescate por parte de organismos de socorro en los inmuebles colapsados.

La magnitud de 7,4 en la escala sismológica de Richter, lo ubica como uno de los más fuertes sismos de la última década en el país y deja grandes lecciones sobre la adecuada preparación para actuar ante este tipo de desastres naturales. El movimiento telúrico también se sintió, aunque de manera leve, en ciudades como Barranquilla, Santa Marta y Cartagena, quedando sin piso la falsa creencia de algunos en el sentido que el Caribe está libre de tales amenazas.

Si bien existen avances en las normas de sismorresistencia que rigen el desarrollo urbano en Colombia, es un secreto a voces que algunos constructores las evaden para obtener mayores utilidades, y no siempre las autoridades cuentan con los conocimientos, capacidades o voluntad para su rigurosa implementación. Basta con recordar que en el pasado reciente, sin necesidad de temblor, Cartagena fue escenario del desplome de un edificio en construcción, que dejó más de una veintena de muertos, y evidenció la violación sistemática de tales normas.

Convendría que la alerta generada por la cadena de eventos sísmicos recientes en el mundo y particularmente en la región, motive a las autoridades al fortalecimiento de controles, para identificar riesgos existentes y evitar falencias en nuevas construcciones, pero que también de manera simultánea se incentive la cultura preventiva en la ciudadanía, desde edades tempranas.

Más allá de ocasionales simulacros, no existe en Cartagena y en otras ciudades del Caribe, una dinámica formativa en instituciones educativas, universidades, empresas y en espacios de concentración de público, sobre cómo actuar ante un eventual terremoto o cualquier otra situación de desastre.

Otro aprendizaje que deja el fuerte remezón es la unidad que generan las tragedias. Entre las múltiples imágenes que circulan en las redes sociales, hay una que capta en Pereira a un grupo de personas, incluyendo a dos motorizados de la Policía Nacional, quienes apoyándose unos a otros intentan conservar el equilibrio, mientras la tierra se sacude intensa y prolongadamente a sus pies, y al fondo un templo cercano se desploma por partes.

Probablemente ese grupo de personas no se conocían entre sí, no compartían la misma raza, religión, ni identidad política. No se detuvieron a precisar si la tierra se movía más a la derecha o a la izquierda, solamente sabían que necesitaban del otro para poder salvarse y se aferraron juntos a la vida. De alguna manera esa imagen simboliza la unidad que requiere hoy el país para superar esta nueva adversidad.

Que las diferencias no perturben la solidaridad, ni que la polarización atropelle las esperanzas. En medio del dolor por las víctimas corresponde aunar esfuerzos y voluntades para sobreponernos de la tragedia, reconstruir lo destruido y seguir avanzando unidos como una sola nación.

*Escritor y asesor en Comunicación Política y de Gobierno.

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