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Columna

Los salones de Pinzón

“Al dar cuenta de más de veinticinco años en la competencia por expandir el negocio y el mercado del cine, Pinzón deja un valioso testimonio de cómo se formó la cultura cinematográfica en Cartagena...”.

Ricardo Chica Geliz

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El periodista Pedro Portela escribía la sección ‘Vidas Interesantes’ para el periódico El Diario de la Costa. Allí, el 2 de agosto de 1967, Portela entrevistó a Rafael Pinzón Riveros, quien llegó desde Bogotá en 1921 y se dedicó a la exhibición de películas y a la fundación de salones de cine. El testimonio de Pinzón resulta esclarecedor para conocer cómo fueron las disputas comerciales en los años veinte y treinta del siglo XX, cuando se dieron fusiones empresariales, desaparecían unos cines y aparecían otros.

A la luz de la experiencia de Pinzón, se puede conocer cómo aparecieron los ‘cines extramuros’, la creación del Teatro Padilla o el tránsito del Teatro Variedades al Teatro Cartagena, entre otros. Este es su testimonio:

“Abrí salones en los barrios con latas viejas y sillas inventadas, como ‘El Dorado’, ‘Capitol’, ‘San Roque’, ‘Salón Franela’ llamado después ‘Salón Torices’. El negocio del cine crecía en la ciudad y una firma cartagenera fundó el Circuito Velda, y Cine Colombia negoció con los Lequerica, entonces dueños del Variedades, y un día me comunicaron que debía abandonar éste, porque ellos iban a construir allí el Teatro Cartagena. Fue un rudo golpe para mí, pero no me desanimé y tomé en arriendo el Heredia al Municipio, pero el ‘fucú’ de este Teatro, por su mala ubicación y poca capacidad de apenas unas quinientas personas, me hicieron abandonarlo, logrando en cambio interesar a los señores Juan para que compraran el lote en donde ahora está el Teatro Padilla, casi ocho mil metros por la ínfima suma de veintiséis mil pesos. Lucha tremenda libré para construir el Padilla, porque los intrigantes hicieron que fuera declarado monumento nacional un aljibe que estaba en la derruida casa que habitó el Almirante y el que dizque nadie podía tocar sin profanar la historia. Al fin vencí y seguí la lucha resistiendo los impactos de los dos grandes competidores, Cine Colombia y Circuito Velda, hasta que llegó a la ciudad mi amigo Jack Glottman, quien me obligó a aceptarle la gerencia de su firma en la Costa Atlántica. Vendí mi negocio del Padilla a los señores Juan, y los tres años de arrendamiento del local, que me quedaban, al Circuito Velda. De mi condición de pionero del cine en Cartagena me desalojaron los grandes inversionistas. ‘Dura lex, pero lex’”.

Hacia 1940 los salones de Pinzón estaban organizados en un circuito que controlaba cinco cines, estos eran: Teatro San Roque, en Getsemaní; Teatro Heredia, en el Centro; el Salón Torices, en el barrio del mismo nombre; el Teatro Dorado, en el barrio El Toril, y Teatro Capitol, en el barrio Alcibia. Al dar cuenta de más de veinticinco años en la competencia por expandir el negocio y el mercado del cine, Pinzón deja un valioso testimonio de cómo se formó la cultura cinematográfica en Cartagena.

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