Esta semana estando en México, compartiendo la experiencia de nuestro país en memoria histórica, leí lo que usted de manera deliberada escribió en X: “Qué tristeza ver Barrancabermeja, podría ser como Barranquilla. Con toda la utilidad que tiene en materia de regalías, de empresas y la Refinería... es un peladero”. Mas allá de que no comprendo la obsesión que le asiste al ambiente social y político de estos tiempos con Barranquilla (sin negar su grandeza); no sé si es consciente de lo odiosas y violentas que suelen ser las comparaciones.
No sé si es usted una persona que dado su éxito y su experiencia de vida, la cual sin duda es por mucho admirable, es de la lógica de “el que es pobre es pobre porque quiere” y por ello hace un análisis tan superficial sobre el “atraso” de un territorio como este. Llamar a Barrancabermeja un “peladero” desconoce la historia de una ciudad que durante décadas pagó un costo altísimo por la guerra. Aquí convivieron y disputaron el territorio el Eln, las Farc, y los grupos paramilitares.
Los comerciantes han tenido que sobreponerse a la extorsión, los homicidios y el miedo. Vivimos cómo el Ejército cercaba la Refinería para replegar los intentos de toma guerrillera y el pueblo quedaba en zozobra. Recuerdo cuando el Superestrellas prometía ser en los 90 nuestro gran centro comercial y que resultó ser escenario de hechos graves relacionados con el conflicto armado. Incluso existe una sentencia del Consejo de Estado sobre la muerte de un agente antiexplosivos que intentó desactivar una bomba dejada frente a dicho almacén, atribuido al Eln.
Aquí proyectos económicos que prometían dinamizar la ciudad, como el Centro Comercial San Silvestre, han tenido que enfrentarse a una realidad marcada por la inseguridad y la incertidumbre. Durante el primer semestre de 2026, la Policía reportó una reducción del 46% en los homicidios frente al mismo periodo de 2025. Sin embargo, las propias autoridades han advertido que persisten los asesinatos selectivos vinculados a estructuras criminales, las disputas por el control del microtráfico y las redes de extorsión, así como los homicidios a líderes sociales. Y todo esto sin hablar de la corrupción. ¿Regalías? Sólo hasta 2025 recuperamos la autonomía para administrarlas después de haber estado sancionados por el DNP y obtuvimos 84 puntos de calificación, superando ampliamente el promedio nacional. Pese a todo esto somos una ciudad con lugares mágicos, cuerpos de agua navegables y comida típica insuperable. No somos un peladero. Somos un pueblo que resiste y se ha negado desaparecer durante décadas. No somos ni queremos ser Barranquilla o Miami, somos Barrancabermeja, el abrazo cálido de Colombia.

