La deuda de Cartagena durante el gobierno de Dumek Turbay apenas comienza a mostrar su verdadero tamaño. El alcalde apuesta a dejar un legado cimentado, en gran medida, en obras de infraestructura pública: una revolución de cemento que la ciudad necesita tras más de una década de inestabilidad administrativa y escasa planeación de mediano y largo plazo. Esa apuesta también representa un nuevo ciclo de endeudamiento cuyos efectos financieros se extenderán mucho más allá de su mandato.
La administración de Turbay ya contrató 10 operaciones de crédito por $1,39 billones, equivalentes al 93% del cupo por $1,5 billones que el Concejo le autorizó en 2024.
Al cierre de 2025, la Alcaldía había recibido $102.462 millones de esos nuevos créditos y cerró el año con una deuda de $154.699 millones, casi dos veces y media la que tenía al terminar 2024, según la información que reportó ante el Consolidador de Hacienda e Información Pública (CHIP).
Es decir, cerca de $1,29 billones seguían sin desembolsarse. Y la mayoría de los desembolsos fue programada para este 2026, le explicó en diciembre pasado la Alcaldía a La Contratopedia Caribe. Esos recursos solo se incorporarán al saldo efectivo de la deuda distrital a medida que los bancos los entreguen.
Esos nuevos créditos fueron contratados a 10 años, con periodos de gracia de entre dos y tres años. Esto significa que, aunque los recursos serán ejecutados durante el gobierno de Turbay, serán las administraciones siguientes las que deberán asumir gran parte de los pagos.
Y cabe dejar claro algo: que la deuda vaya a crecer considerablemente no significa que Cartagena carezca actualmente de capacidad financiera para asumirla. En su revisión más reciente, publicada en mayo, la calificadora internacional Fitch Ratings mantuvo la calificación nacional de largo plazo de Cartagena en AA y la de corto plazo en F1+, ambas con perspectiva estable.
En palabras castizas, esas calificaciones indican que existe una expectativa muy baja de incumplimiento; es decir, la calificadora considera que Cartagena tiene capacidad para asumir ese endeudamiento billonario, porque cuenta con recursos para pagar.
Por supuesto, esa calificación no es un cheque en blanco. La ciudad deberá sostener su capacidad de pago durante los próximos años, mientras aumenta su deuda, paga intereses y comienza a amortizar el capital.
La fotografía crediticia de 2025 es, por tanto, apenas un bosquejo del nuevo ciclo de endeudamiento de Cartagena. La imagen será mucho más nítida en 2027, cuando se conozca cuánto dinero ingresó realmente durante 2026 y a cuánto ascendió la deuda efectiva de la ciudad.
Y si la proyección apunta a un endeudamiento billonario, el control social también debe crecer en la misma proporción. Esa lupa no siempre es bien recibida por el Distrito, sobre todo cuando cuestiona o contradice su relato oficial; pero es un ejercicio legítimo que una administración de talante democrático debería respetar y, especialmente, garantizar.
*Cofundadora de La Contratopedia Caribe.

