En la perspectiva de enfrentar los complejos problemas sociales y humanos que tiene la ciudad, que parece se agudizan cada día y que no permiten afirmar que en el corto o mediano plazo este panorama va a cambiar, es urgente entonces pensar en la necesidad de establecer nuevas prioridades en el horizonte hacia el 2033.
Cuando hablamos de los problemas sociales y humanos nos referimos (sin intentar hacer una lista completa) al sicariato, la intolerancia, la arbitrariedad en el comportamiento público de distintos sujetos, la desfachatez con la cual cada día más personas asumen un comportamiento que raya con la delincuencia o la confrontacion de las normas y leyes, con el desempleo, la informalidad, el rebusque, el hambre, la desnutrición, la falta de oportunidades y un largo etc., que parece que nos constriñera como sociedad a ver pasar impasiblemente los días, sin mayores esperanzas ni oportunidades, y por el contrario a pensar que el futuro será cada vez menos grato, menos deseable.
Lo que no ha dado resultado hasta hoy en la reducción o cambio del panorama que vivimos, simplemente no va a dar resultados a futuro; como dice la conocida frase, ‘No esperemos resultados diferentes haciendo lo mismo cada día’. Esto supone entonces que individual y colectivamente tenemos que avanzar en unos mínimos que nos coloquen en la perspectiva de mirar al frente, pensar y actuar colectivamente intentando, con base en unos mínimos de ética y de equidad, buscar aquello que nos lleve a resultados pequeños, tal vez mínimos, posiblemente intrascendentes y de bajo impacto, pero que la sumatoria de la acción ciudadana los vaya transformando en grandes cambios.
Esto supone entonces, que desde nuestra actividad cotidiana asumamos la tarea de propiciar pequeños cambios en las relaciones entre las personas, con los vecinos, familiares, amigos y con las personas con las cuales nos relacionamos. En lugar de machacar sobre los problemas, actuemos sobre la necesidad de cambiar la perspectiva; en lugar de insistir en las responsabilidades de los otros, pensemos en lo que nos corresponde, por acción u omisión; en lugar de esperar de otros, tomemos la iniciativa y realicemos aquello que pensamos debamos hacer. Ninguna sociedad cambia por acciones de terceros, sino por el compromiso de cada ciudadano de hacer su parte, de aportar desde su fuero personal, desde su metro cuadrado.
Está demostrado que una acción simple, desde abajo, realizada por miles de ciudadanos produce más efecto y mejores resultados que las más ambiciosas decisiones de los gobernantes. Nadie cambia un comportamiento por las promesas o deseos de los gobernantes, si no sentimos y adoptamos como propios esos propósitos de reordenar las cosas. No es posible pensar que las buenas intenciones de los gobernantes van a producir los cambios que nosotros no nos proponemos realizar. Como sociedad civil tenemos en nuestras manos el futuro de Cartagena.
*Sociólogo.

