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Columna

Orgullosa

“Gracias a Dios las cosas han cambiado. Ya no llegamos a mendigar citas con el Gobierno Americano. La delegación encabezada por Restrepo se reunió con el secretario de Estado...”.

Soqui Rodríguez

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Después de 4 años de vergüenza internacional, no puedo dejar de sentirme orgullosa de la visita que hizo el nuevo gobierno a Washington, argumentando que fueron a recuperar la confianza perdida y corregir los errores en el manejo de la patria mísera. Los representantes que viajaron llegaron a la capital de USA impecablemente vestidos, hablando un inglés pulido y con un conocimiento de la realidad que descrestaban. Fueron recibidos con la certeza de que Colombia es una gran oportunidad para invertir, generar empleo y generar confianza extranjera. Consiguieron apoyo del Banco Mundial y su presidente, Ajay Banga, expresó sin miedo un gran respaldo con un paquete integral de cooperación en el que viene trabajando y que fue presentado a Abelardo De La Espriella. No ha sido muy común para este país verse frente a ofertas que no se están mendigando de rodillas como en años anteriores. Es un descanso saber que están dispuestos a invertir en la juventud, ampliando el acceso a la educación y la salud. Ayudarán a generar oportunidades para que el lugar en que nace una persona no determine el tamaño de sus sueños. Cada colombiano tendrá las oportunidades de mejorar su vida y no vivir de un subsidio mendigo.

Tampoco puedo dejar de pensar cómo hubiera sido esa visita si la vice hubiera sido Aida Quilcué. El protocolo diplomático hubiera necesitado traductor, dos intérpretes y, probablemente un chamán para descifrar las conversaciones. Mientras Restrepo recorría pasillos institucionales hablando el lenguaje de la política internacional, la escena con Quilcué habría sido digna de una comedia en la que los funcionarios del Departamento de Estado, acostumbrados a sus vestidos azules oscuros de perfecta presentación, se cuestionarían por qué a la señora no le gusta peinarse, se preguntarían de quién es ‘madre’ la tierra y por qué alguien con tan alto rango no cree que la educación sea importante. Al final no hubiera habido acuerdos ni para tomarse la foto oficial. En diplomacia, las ideas son importantes, pero también lo es la capacidad de comunicarlas. En el escenario internacional no basta con tener un mensaje, también hay que lograr que el interlocutor lo entienda; lo crea y confíe en el portador.

Gracias a Dios las cosas han cambiado. Ya no llegamos a mendigar citas con el Gobierno Americano. La delegación encabezada por Restrepo se reunió con el secretario de Estado, Marco Rubio; el secretario de Energía, Chris Wright; líderes de distintas agencias federales, congresistas, directivos de empresas estadounidenses y empresarios interesados en infraestructura, tecnología y agroindustria. Ese viaje se pagó solo. No necesitó ‘helicópteros’, ni misiones llenas de amigos como las que llevó Francia Márquez a África. Este viajecito que aun no nos cuesta a los ciudadanos fue corto y productivo, y pronto veremos los beneficios de aliarse bien y escoger buenos amigos. Esa es la imagen de Colombia que debemos exportar. No más guerrilleros y narcotráfico. Solo personas preparadas, inteligentes de alto perfil.

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