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Columna

Vespasiano

“El burro Vespasiano hacía diarios viajes con agua y carbón. Gaspar dependía de Estefanor, quien le guardaba unas pesetas y la tarjeta de crédito”.

Willy Martínez

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Cuando se hundía el velero frente a la Isla de Barú, Estefanor, campesino y pescador del poblado de Ararca, subió al naufrago a su bote, atracando en la Ciénaga de Coquito en donde tenía amarrado al burro Vespasiano. El forastero se presentó como Gaspar y pidió ayuda a su salvador. Le suplicó esconderlo, pues huía de Cádiz por abusar de una vecina de 70 años, quien lo acusó de haberle hecho el amor con engañifas acabando con su invicta virginidad. La mujer era influyente en Andalucía y exigía su captura. Estefanor vivía en Ararca con la Jirafa, la mujer más alta de Barú. Pasaba la mayor parte del tiempo cuidando su roza en Coquito a 1 kilómetro del poblado, lugar donde escondió a Gaspar. Surgió, entre ellos, una sólida amistad. El burro Vespasiano hacía diarios viajes con agua y carbón. Gaspar dependía de Estefanor, quien le guardaba unas pesetas y la tarjeta de crédito. Por momentos, escapaban a Pasacaballos a sacar dinero para sobrevivir.

Se hicieron socios en la roza en donde la patilla, el maíz y la ahuyama dieron buena utilidad. Tenían largas charlas tomando café debajo de un árbol de trupillo. Era esa la oportunidad para conocerse mejor. Estefanor le confió sus preocupaciones. No dormía bien y ya el “amigo” no respondía con las exigencias de la jirafa. No tardó Gaspar en recoger unas hojas de totumo, palitos de varias especies y en dos botellones preparó unas pócimas.

Al más grande le agregó una dosis de ostras secas en polvo y cascarones de cangrejo, y al otro, gotas de valeriana. Estefanor tuvo éxito desde el primer día y su vida empezó a cambiar. Gaspar se asombraba de la inteligencia del burro Vespasiano. Cuando alguien se acercaba por el camino hacia la Finca Polonia, la más grande por ese lugar, el animal rebuznaba. Si era un policía rebuznaba dos veces. La llegada de Gaspar a Barú fue muy útil para Estefanor. Aprendió medicina natural y habilidades en los negocios. Gaspar conoció la naturaleza, los pájaros y lo exótico e inteligente que eran los burros en ese lugar del Caribe. Una noche, de manera sorpresiva, unos amigos de Cartagena llegaron a buscarlo, agentes secretos le pisaban los talones.

Decidió irse dejando una carta que al final decía: “Querido Estefanor hoy tuve que partir. Te dejo a Vespasiano amarrado en el totumo, su árbol favorito. Es el descubridor de esa hoja mágica para tus males. No me llamo Gaspar, tengo que esconder mi identidad. Me voy de este lugar con el nombre que tendré hasta el final de mis días y con el cual me despido. Tu amigo, Vespasiano.

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