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Columna

Desobediencia

“El ahora senador Cepeda se sentará en el Congreso a recibir un sueldo mientras ordena a sus secuaces a que marchen mientras destruyen, pintan paredes y roban a los decorosos”.

Soqui Rodríguez

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Llamar a la desobediencia civil contra las medidas de un presidente que aún no se ha posesionado parece cosa de locos. La realidad es que esta figura no es una propuesta inventada ni tampoco es un arranque del candidato perdedor o su combo de amigos. Esta es una figura reconocida por la Corte Constitucional que consiste en incumplir públicamente una norma de forma pacífica, para denunciar una injusticia que “ya existe”. Por obvias razones no se puede dar por algo que se dará a futuro o que es una probabilidad. Quien invoque este derecho debe demostrar que la norma que se incumple viola la Constitución. Tampoco es una figura legal que se puede usar como una llave maestra para abrir todas las puertas y caminos caprichosos, ante decisiones que no nos gusten a los ciudadanos como se pretende.

Hasta ahora lo único que tiene Iván Cepeda es haber perdido una elección limpia y algunos avisos de Abelardo De La Espriella que perjudican a los amigos, que actúan por fuera de la Ley. Sin embargo, con un partido que sacó 12 millones de votos (más o menos), esta propuesta cepedista se convierte en un permiso para sus votantes revolucionarios, a salir a las calles y afectar al resto de los ciudadanos que quieren vivir en Paz. Siendo así, no podemos menospreciar la advertencia que podría afectar la libre movilidad de los colombianos que deben salir a trabajar, violar los derechos de los demás, la tranquilidad pública y la libertad de opinar diferente. Por experiencia sabemos que la izquierda es violenta, destruye y arrasa sin mirar a quien perjudica; les encanta movilizar indígenas a que vivan en los parques, mientras los llenan de excrementos y basura que enferma a los niños. Bloquean vías por donde pasan los camiones con alimentos para la población o los insumos básicos para diferentes regiones, y dinamitan puentes para dejar encerradas veredas pobres que actúan bajo el fusil.

Legalmente la desobediencia civil no es un permiso para perjudicar a los demás, ni una medida constitucional para hacerle oposición al presidente electo. Sin embargo, mal usada por los fanáticos del Pacto Histórico, se convertirá en una pesadilla para los colombianos. A Iván Cepeda no le importa eso..., perdió y solo aceptó la derrota porque no encontró como debatirla. Como castigo, nos hará la vida de cuadritos por cuatro años de la mano de los desadaptados que lo siguen fielmente y que están acostumbrados al mal actuar. El ahora senador se sentará en el Congreso de la República a recibir un sueldo que pagamos los contribuyentes trabajadores decentes, mientras ordena a sus secuaces a que marchen mientras destruyen, pintan paredes y roban a los decorosos.

Honestamente pienso que las megacárceles que prometió ‘El Tigre’ no serán suficientes para encerrar a los votantes heridos, que nos cobrarán la derrota a punta de incumplir la ley, atentar contra la propiedad pública y bloquear carreteras.

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