Hace un par de semanas estuve en un congreso académico en la Universidad de Valencia, en el que me correspondió hablar de los ataques del Populismo a la independencia del Poder Judicial; es decir, de cómo los líderes populistas cada vez con menos vergüenza se lanzan al cuello de los jueces para deslegitimarlos y, si está en su mano y tienen suficiente poder, neutralizar cualquier posible control y límite que los jueces puedan imponer a sus actuaciones. Es una de las cuestiones más en boga cuando se trata de analizar las realidades jurídicas y políticas de nuestros días: el conflicto entre unos gobernantes que ansían no tener límites y unos jueces que parecen obsesionados con acusarles de corrupción o, simplemente, impedirles salirse con la suya.

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César Viloria NúñezPara unos son los políticos los que tienen razón, pues han sido elegidos por el pueblo y hablan en nombre del pueblo, mientras que los jueces no han sido elegidos por nadie y se quieren apropiar de unos poderes que no son suyos. Para otros son los jueces los que tienen razón, pues en una democracia es esencial imponer límites a los gobernantes, por muy elegidos por el pueblo que hayan sido, y quien debe imponerlos no es otro sino un experto en Derecho, neutral y cuya legitimidad procede de la Constitución y las leyes: el juez. Los primeros arguyen que los jueces son una minoría que representa los intereses de las élites. Los segundos afirman que muchas veces los políticos violan las leyes y que es necesario alguien independiente para detenerlos. La disputa no es nueva, sin duda, pero en los últimos tiempos ha alcanzado cotas de conflicto muy elevadas.
Cada vez es más frecuente ver a líderes políticos acusando a los jueces, en ocasiones con nombre y apellidos, de ser enemigos de la democracia, de estar a las órdenes de estos o de aquellos. Y cada vez es más habitual ver a jueces deteniendo acciones de los políticos o acusándolos de conductas ilegales. ¿Irá a más o a menos este fenómeno? En mi opinión, y así lo manifesté en el congreso, irá a más. Llevamos unos diez años de auge del Populismo y en ningún aspecto está menguando, sino creciendo. Basta con ver los candidatos presidenciables que empiezan a ser habituales en todo Occidente. La disputa de poder entre políticos y jueces es un aspecto más del Populismo. ¿Quién ganará? Dependerá de cada país, sin duda; pero, en general, dudo que ninguna estructura institucional pueda resistir más de dos o tres legislaturas seguidas de gobiernos populistas.
