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Columna

Significados de una declaratoria

“Getsemaní es una comunidad viva, original y que representa tal vez las formas más auténticas de una ciudad que a grandes pasos está perdiendo su encanto, su esencia...”.

RAÚL PANIAGUA BEDOYA

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El viernes pasado la Ministra de las Culturas, las Artes y los Saberes entregó en la Plaza de la Trinidad del barrio Getsemaní, la resolución por la cual el Ministerio incorpora LA VIDA DE BARRIO DE GETSEMANÍ a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial del Ámbito Nacional. Esta declaratoria puede tener múltiples significados muy valiosos o muy deplorables, dependiendo de las decisiones y actuaciones que se empiecen a tomar, en especial desde la administración distrital, del Concejo, de las entidades e instituciones asentadas en el barrio, de la academia, entre otros.

Lo que se haga a partir de ahora puede ser muy valioso y conducir a un gana-gana para todos: residentes, visitantes, toda la cadena del turismo, la administración distrital vía ingresos por impuestos de Industria y Comercio y Predial, entre una amplia gama de beneficiarios; o por el contrario puede significar en primer lugar para los getsemanicenses residentes, migrados a otros barrios o fuera de la ciudad y del país, una pérdida irreparable, un camino sin retorno que ya empezó hace rato, pero que se puede atenuar, detener y en cierta forma, reversar. Si esta declaratoria se asume como una distinción más, como un acto simbólico, o como un logo, estaremos enterrando gran parte de lo más valioso que tenemos en la ciudad: la memoria, la identidad, el sentirnos ligados a algo que nos confiere valor y autoestima. Esto es lo que hoy representa Getsemaní.

Lo que se espera se cumpla en el Plan Especial de Salvaguardia (PES) de la ‘Vida de Barrio’ no se puede comparar o medir por los ingresos que pueda dejar de recibir la administración vía impuestos, o impactos en los ingresos de las empresas de servicios públicos, pues los costos económicos, sociales y humanos serán mucho mayor si la esencia del barrio, su gente, su forma de ser y de relacionarse, de habitar el espacio urbano desaparece, como es la tendencia totalmente viable en estos momentos. Bien sabemos que en los parques de Disney todo es inventado, es una puesta en escena, es una simulación y los que llegan lo asumen y se divierten con el trabajo de los productores. La diferencia con Getsemaní está en que es una comunidad viva, original y que representa tal vez las formas más auténticas de una ciudad que a grandes pasos está perdiendo su encanto, su esencia.

Getsemaní puede ser además el escenario donde se protege o por el contrario se acelera la perdida de lo que somos y de allí se seguirá para otros barrios y corregimientos, si se deja que sea solo el mercado o la demanda las que determinen las reglas de juego en los procesos asociados con el turismo. Aquí se va a poner a prueba la capacidad de un Estado, de pensar y actuar en función de los más débiles en esta cadena. Si no hay la posibilidad de propiciar medidas que posibiliten mirar el futuro con optimismo, estamos liquidados como sociedad.

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