Cientos de campesinos trabajaban con la amenaza de que si no pagaban se convertirían en esclavos, ellos y sus familias. En medio de la peor crisis, él recibió poderes absolutos.
Lo primero fue prohibir la esclavitud por motivos económicos. Estableció tribunales de justicia e institucionalizó el poder. Usó la poesía para explicar sus decisiones como magistrado y político. Pudo ser un tirano eterno dada su gran popularidad; sin embargo, renunció y se autoexilió por 10 años.
Se trata de Solón, poeta, magistrado, político y filósofo de Atenas (Grecia), quien con su renuncia sentó las bases para que Clístenes instaurara la democracia. Según el diccionario, renunciar significa “hacer dejación voluntaria, dimisión o apartarse de algo que se tiene o se puede tener”. Por estas calendas una especie cree ser la cúspide del universo y para ello esgrime como prueba suprema su infinita capacidad de producir conocimiento y tecnología, para huir de la única casa que tiene, porque con eso mismo, más tarde que temprano, destruirá ese hogar con la valiosa ayuda de populistas tiranos que aquí y allá crearon un metaverso obtuso y polarizador de verdades a partir de mentiras repetidas que engendran gigantescas bodegas de borregos que olvidan Ucrania con Gaza y esta con Venezuela, y luego con Irán, mientras camuflan el genocidio y la hambruna con el eufemismo de “daño colateral”, y convierten el ingenio en herramienta de exterminio, la razón en excusa para la crueldad y el terrorismo en herramienta de poder para esclavizar.
O de otros que, con su ineptitud, promesas incumplidas y su corrupta parcela de áulicos transmutan el odio, la violencia, la inseguridad y la muerte que ellos mismos prohijaron durante lustros en el mayor argumento para buscar una paz total aún en desmedro de supremos conceptos como comunidad, leyes, estado y justicia.
Unos y otros aprovechan novedosos algoritmos consumistas para repartir odios mientras muestran en tiempo real la muerte de la empatía, la verdad y la paz bajo la indiferente adoración del becerro de oro de las redes sociales.
Somos la primera generación que posee el conocimiento para destruirlo todo y que además lo sabe, y en contravía seguimos esa senda de autodestrucción. Es a esa especie que algunos podrían querer renunciar para no ser otro dato en un servidor, otro perfil que observa genocidios en el mismo cristal que anestesia la indiferencia, mientras otros juegan los juegos del hambre.
Pero ¡no!, si no renuncian ellos y además hay muchos más ejemplos de compasión, sacrificio, humanismo y humanidad, vale pensar como Solón: “La Justicia, silenciosa, conoce lo que sucede y lo que fue, y con el tiempo, sin falta, llega para cobrar el castigo”.
*Profesor Universidad de Cartagena.

