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Columna

Las guerras médicas

“Pero a veces la única forma de sacar al enemigo de su refugio es difundir que no habrá ataque. Entre los ‘aliados’ había un topo...”.

Christian Ayola

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Cuando era niño escuché este término e imaginé: ¡Médicos dejando el estetoscopio y la bata para tomar el escudo y la espada! Me pregunté: ¿De dónde sacaron tantos médicos para formar un ejército? Hoy, ante la debacle del ejercicio médico, cabría imaginar una división guerrera que luchara por los derechos eliminados progresivamente, en su mayoría, por el actual gobierno.

Hace unos 5.000 años a. C., en lo que es Irán, surgió el imperio elamita; Susa fue su capital. Eran grandes comerciantes, desarrollaron una lengua propia y un sistema contable y administrativo tan preciso que envidiarían las mejores firmas de contadores. Su escritura nació al servicio del comercio; a diferencia de sus vecinos sumerios 3.200 a. C (actualmente Irak), utilizaron su escritura para desarrollar poemas, códigos y leyes, algunos plasmados en la Estela de Hammurabi que los elamitas saquearon en el siglo XII a. C. La pieza fue hallada por una misión arqueológica francesa en 1901, en las ruinas de Susa y actualmente se exhibe en el Museo del Louvre.

Elamí fue precursor del imperio aqueménide (550 -330 a. C.), fruto de la unión entre persas y medos; por eso, los griegos llamaron “medos” a sus invasores y a las contiendas resultantes guerras médicas. Darío, emperador persa sucesor de Ciro, atacó y ocupó ciudades griegas de la costa asiática sin librar grandes batallas, pero tropezaron al intentar someter a Atenas. En el 490 a. C., Filipiades, un mensajero, corrió desde la costa de Maratón hasta Atenas para anunciar la presencia del enemigo, logrando que perdieran el factor sorpresa.

La batalla de Maratón mostró la superioridad táctica ateniense, ellos, que eran menos hombres, derrotaron a los persas. Diez años después, en el 480 a. C., Jerjes, sucesor de Darío, lanzó una flota persa mucho más robusta contra Atenas y fue derrotado con inteligencia, estrategia y tecnología en la batalla naval de Salamina; se retiró dejando al mando al general Mardonio y confiando que con su gigantesco ejército podía vencerlos en tierra; pero en 479 a. C. fue derrotado en la batalla de Platea, sellando la retirada persa.

El factor sorpresa inclina la balanza hacia quien toma la iniciativa. En política contemporánea, las filtraciones y la desinformación obliga a maniobras de distracción: ahora los que se dicen aliados de Estados Unidos se excusan de no participar por no haber sido avisados, pero a veces la única forma de sacar al enemigo de su refugio es difundir que no habrá ataque. Entre los “aliados” había un topo, por eso la única forma que Ali Jomeini saliera de su escondite fue propagar que no atacarían. La primera ministra del Japón pasó un momento incómodo cuando, ante su reclamo, el presidente Trump tuvo que recordarle a Pearl Harbor.

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