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Columna

Los nefastos extremos

“La polarización nos presenta extremos dañinos entre las candidaturas disponibles...”.

José Henrique Rizo Delgado

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La gran mayoría de los colombianos de bien nos encontramos en una preocupante encrucijada: acertar en la elección del presidente que más nos convenga. Por supuesto, esa conveniencia es relativa a cada persona, dependiendo de su posición en el amplio espectro socioeconómico del país. Pero, guardando las proporciones, este enunciado se refiere al colombiano común y promedio que goza de una relativa estabilidad económica y social, cubriendo sus necesidades básicas en alimentación, vivienda y salud, dentro de su condición de empresario, comerciante, profesional o empleado.

Se trata de la gran clase media, baja y alta, que representa el 40% de la población; es decir, unos 20 millones de personas que sostienen a este hermoso país. Es el sector que conforma familias estándar de padres e hijos que, con su trabajo honrado y estudio dedicado, se levantan a diario a desempeñar sus roles en una sociedad organizada dentro de un Estado democrático con 200 años de historia y desarrollo.

Sin embargo, la polarización nos presenta extremos dañinos entre las candidaturas disponibles. Cada uno posee un modelo de Estado y economía que ya ha tenido la oportunidad de demostrar su capacidad para llevar a Colombia por la senda del desarrollo o, por el contrario, para fallar en la erradicación de la pobreza extrema que sufren alrededor de 6 millones de compatriotas. El gran dilema de cara a las inminentes elecciones es escoger al candidato que no represente el regreso a esos dos polos.

Por un lado, aquel que significa la continuidad del gobierno saliente, orientado según su propia promesa hacia un Estado “progresista”, donde las comillas esconden la radicalización del socialismo. Por el otro, el extremo que consiste en el regreso de una clase política y empresarial que tampoco fue capaz de cerrar definitivamente las terribles brechas sociales ni de proteger las grandes riquezas naturales de la nación.

Los colombianos comunes, honestos y decentes necesitamos un candidato que no gobierne para los extremos. Que sus políticas sean de beneficio general y no radicalizadas en un Estado socialista que, con aparentes buenas intenciones hacia las clases menos favorecidas, termine en un gran deterioro de la clase media, como sucedió en varios países vecinos.

O, en el sentido opuesto, hacia un Estado depredador donde las élites económicas y políticas dominen a toda costa los bienes de capital de forma egoísta y codiciosa, relegando a último plano las inmorales brechas de pobreza extrema imperantes en todo el país.

Son las elecciones más cruciales de la historia reciente. La esperanza es que acertemos en escoger al mejor, que no volvamos a caer en el engaño de los extremistas y logremos un líder de verdad capaz de gobernar para todos. Un líder que enfile a Colombia hacia el verdadero desarrollo sostenible y trabaje arduamente en la meta de ayudar a nuestros compatriotas en la miseria, de tal forma que los extremos se queden sin argumentos y logremos, finalmente, la anhelada paz.

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